Cada 29 de agosto, el país conmemora el nacimiento del jurista que inspiró la Constitución de 1853 bajo un nombre que quedó fijado hace casi setenta años: Día del Abogado. La fecha honra a una persona concreta, pero la nomenclatura elegida en 1958 —pensada para nombrar una profesión completa a través del sustantivo masculino singular que designa a un individuo— arrastra un problema que otras efemérides argentinas ya resolvieron sin renunciar al homenaje que las originó.
Sábado, 29 de agosto de 2026

La Federación Argentina de Colegios de Abogados estableció la fecha en 1958 en recuerdo de Juan Bautista Alberdi, nacido el 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán. Jurista, escritor, economista, diplomático y músico, Alberdi es recordado sobre todo por “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, el texto de 1852 que los constituyentes tomaron como referencia central para redactar la Constitución Nacional. Nadie discute el lugar que ocupa en la historia del derecho argentino ni la pertinencia de recordarlo cada año.
El problema no es a quién se homenajea, sino qué palabra se usó para extender ese homenaje a toda una profesión. “Abogado” nombra a una persona, en singular y en masculino. Cuando esa palabra pasa a designar una fecha destinada a reconocer a decenas de miles de profesionales —mujeres y varones, litigantes y funcionarios judiciales, defensores públicos y asesores— el nombre deja afuera, al menos gramaticalmente, a la mitad de quienes ejerce la actividad. No es casual que las propias notas periodísticas sobre la fecha necesiten aclarar, una y otra vez, que el reconocimiento es “a los abogados y las abogadas”: la aclaración sobra cuando el nombre elegido ya incluye a todos.
Nombrar la función, no solo al individuo
Existe además una palabra en español que resuelve ese problema sin necesidad de desdoblamientos: abogacía. No es un término nuevo ni ajeno al propio vocabulario jurídico argentino. Distintas constituciones provinciales definen la abogacía como una función pública no estatal, auxiliar del Poder Judicial, y son los colegios y foros de abogados —constituidos por la totalidad de los profesionales matriculados— los que ejercen el control de la matrícula y las atribuciones disciplinarias sobre quienes la ejercen. La abogacía, en ese sentido, ya es en el lenguaje institucional el nombre de la profesión como conjunto: el ejercicio colectivo del derecho, la matrícula, la actividad regulada. “Abogado” apunta al practicante individual; “abogacía” apunta al oficio en sí.
Esa distinción no es un matiz menor cuando se piensa en todo lo que la nota original describe como contenido de la fecha: el acceso a la Justicia, la defensa pública, la transformación tecnológica de la profesión, el rol de los abogados en el funcionamiento del Estado de derecho. Ninguno de esos puntos remite a Alberdi como individuo; todos remiten a la abogacía como institución social. El nombre de la efeméride podría, sencillamente, alinearse con lo que la propia fecha ya celebra.
Cuando cambiar el nombre no borra el homenaje
Argentina tiene un antecedente reciente y directamente comparable. Hasta 2020, el tercer domingo de agosto se llamaba Día del Niño. Ese año, la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia impulsó su renombramiento a Día de las Infancias, con el argumento de abandonar la noción de “niño” como sujeto universal y homogéneo y dar cuenta de la diversidad de infancias existentes. El cambio no alteró la fecha ni el sentido original de la celebración: la conservó y la hizo más precisa.
El mismo movimiento es posible con el Día del Abogado sin tocar un solo elemento de lo que la fecha honra. El 29 de agosto seguiría siendo el aniversario del nacimiento de Alberdi; la Federación Argentina de Colegios de Abogados seguiría siendo la institución que sostiene la conmemoración; “Bases” seguiría siendo la obra de referencia. Lo único que cambiaría es la palabra que nombra a quienes la fecha busca reconocer, para que ese nombre diga con precisión de qué y de quiénes se está hablando: no de un abogado, sino de la abogacía.
Una fecha, dos maneras de nombrarla
Ningún cambio de nombre borra a Alberdi ni resta valor a su legado constitucional. Lo que hace es corregir un desajuste entre el objeto que se celebra —una profesión ejercida hoy por cientos de miles de personas— y la palabra elegida hace siete décadas para nombrarla, en un momento en que ese desajuste gramatical ni siquiera se discutía. Llamarlo Día de la Abogacía no cambia la historia que la fecha recuerda; simplemente la nombra de un modo que ya no necesita aclaraciones al pie.