Condenado a prisión perpetua por el femicidio de su nuera Cecilia Strzyzowski, el exlíder piquetero rompió el silencio desde la cárcel por primera vez desde su detención. En una extensa entrevista concedida a LITIGIO, insistió en su inocencia, cuestionó el juicio que lo condenó y aseguró que no tiene esperanzas de recuperar la libertad. “Me condenaron por cortar calles y reclamar por pan y trabajo”, afirmó. También habló de su relación actual con su esposa Marcela Acuña y del estado de salud mental de su hijo César: “Ahora me doy cuenta que él no es el chico que nosotros criamos”.
Domingo, 28 de junio de 2026

Por Bruno Martínez
Guardiacárcel 1 estira las piernas y comienza a medir la habitación a zancadas de aproximadamente un metro. Hace varias a lo largo de este recinto, que está pintado de un amarillo opaco, iluminado por las luces frías de fluorescentes que cuelgan de un techo más bien alto. Este espacio, despojado de toda gracia, tiene apenas una mesa y algunas sillas. Luego repite el ejercicio a lo ancho, con más zancadas. Concluida la improvisada medición, se vuelve hacia este cronista y confirma el resultado: “Sí, mide cuatro por cuatro”.
Estamos en el Sector 3 del Complejo Penitenciario I de Resistencia. Esta cárcel, que depende del Servicio Penitenciario Provincial, está ubicada en la zona oeste de la capital chaqueña. Hace unos minutos, en esta habitación de unos 16 metros cuadrados, terminó la entrevista que LITIGIO mantuvo con el exlíder piquetero Emerenciano Sena, la primera que realiza desde que está en prisión. Son pasadas las 20 del jueves 18 de junio. Afuera llueve.
Poco más de una hora y media antes, este medio se presentó en la cárcel de la capital de Resistencia. El día estaba encapotado, pero aún no había gotas a la vista.
Tras la identificación de rutina y la mención de la tarea periodística que este medio fue autorizado a realizar por la jueza Dolly Fernández, se le ordenó muy amablemente a este cronista mostrar el contenido de la mochila y también la billetera. Ahí surgió el único inconveniente de la visita carcelaria: no se puede ingresar dinero en efectivo ni tarjeta de débito.
Una vez subsanada la cuestión, una ambulancia interna lleva a este medio y a otros dos penitenciarios al lugar de la entrevista. En el trayecto, que no deben ser más de 300 metros, el tema de la lluvia y el pronóstico del tiempo es clave para romper el hielo con el chofer. Está pronosticado el fenómeno meteorológico de “El Niño” que en teoría traerá tormentas severas e inundaciones, pero ninguno está muy seguro de cuándo ocurrirá. “Dijeron que en agosto”, recuerda el chofer. Y la breve charla morirá ahí.
Este sector de la cárcel, donde se realiza la entrevista con Sena, es conocido como el de “Celdas Preventivas”, lugar donde comienzan su detención reclusos de alto perfil mediático. Acá, estuvieron el piquetero Carlos Barraza, condenado a 10 años de prisión por fraude al Estado. También Emerenciano Sena y su hijo, César. Lo hicieron hasta que “La Barbi”, una mujer trans acusada de robar una joyería, limó pacientemente los barrotes de una de las ventanas y se fugó de esta parte de la cárcel, en diciembre. Fue en ese momento que los pasaron al Pabellón 5, en el que se encuentran los tres, aislados del resto de la población carcelaria.
Ahora este espacio quedó vacío. “Espere un momento acá”, pide Guardiacárcel 2. “Mientras usted se acomoda, lo vamos trayendo a Emerenciano”. El eco de las voces rebota con una intensidad que amplifica la sensación de encierro.
Minutos más tarde aparece el exlíder piquetero, custodiado por unos cinco penitenciarios. Trae puesto una campera de jean con corderito sobre un chaleco gris oscuro y lo que parece ser una camiseta celeste tipo pijama. Sena saluda con mano firme. Antes de comenzar a charlar, Guardiacárcel 3 muestra unos papeles. Son unos afiches blancos escritos con fibra negra que el dirigente quiere entregar a este medio. Se leen algunas consignas políticas en contra del presidente Javier Milei y el gobernador Leandro Zdero. También hay frases donde asegura que fue una injusticia las condenas contra él y su esposa, Marcela Acuña. “Mire”, explica Guardiacárcel 3, “esto Emerenciano le quiere entregar a usted, pero nosotros recién se lo vamos a dar a la salida, previa autorización, ¿sabe?”. Spoiler: se decidió retener los carteles hasta tanto la jueza Fernández lo autorice.
A Sena se lo ve bastante bien de ánimo en general. Está un poco más delgado que en sus tiempos en libertad, con el cabello muy corto y un llamativo brote cutáneo en la zona de la nariz, mejillas y frente. Dice que ahora está mucho mejor, porque meses atrás esa erupción alérgica en la piel le generó una gran cantidad de granos que muchas veces terminaban sangrando.
Un día antes de esta charla, un familiar suyo había asegurado a este cronista que mentalmente no era el mismo de antes. Que está menos lúcido producto del deterioro derivado de su diabetes, un cáncer de colon y otras dolencias físicas que lo aquejan, sumado al encierro. Que le costaba seguir el hilo de la conversación, que se va mucho por las ramas y que sus definiciones sobre cualquier tema en ocasiones resultaban algo incongruentes. El pariente en cuestión exageró un poco, pero algo de eso se notará a lo largo de la entrevista.
Además de los carteles políticos, trajo consigo dos cuadernos, dos biromes y sus lentes. Ambos cuadernos son artesanales y los hizo su esposa. El más grande, forrado con una tela blanca, lo utiliza para sus anotaciones. En la tapa se lee “Cascotito (símbolo de corazón) mamá”. Cascotito es el apodo de César Sena. El otro es un pequeño anotador que ofrece de regalo a este medio. “Libertad a los presos políticos”, aparece escrito en las primeras páginas.
Si bien ninguno se quedó dentro de la habitación donde se realiza la entrevista, respetando la privacidad de la charla, los guardias mantendrán una constante vigilancia, mirando cada tanto desde las cuatro ventanas (dos internas, dos externas) que tiene este lugar.
Emerenciano Sena lleva más de tres años detenido. En noviembre pasado, un jurado popular de doce personas lo declaró culpable de haber colaborado en la planificación del femicidio de su nuera, Cecilia Strzyzowski. Marcela Acuña recibió la misma condena por igual imputación, mientras que su hijo fue hallado culpable de haber cometido el crimen.

De acuerdo con la acusación fiscal, el matrimonio piquetero abandonó deliberadamente la vivienda familiar para dejar a Cecilia sola con César durante la mañana del 2 de junio de 2023. Fue allí, en la casa ubicada en Santa María de Oro 1460 de Resistencia, donde, según la reconstrucción de los fiscales Juan Martín Bogado, Nelia Velázquez y Jorge Cáceres Olivera, se produjo el asesinato. Los tres fueron condenados a prisión perpetua.
Gustavo Obregón y Fabiana González, estrechos colaboradores de la familia Sena, también fueron condenados, aunque por el delito de encubrimiento agravado. Gustavo Melgarejo, casero del campo Rossi —una propiedad de los Sena donde, según la investigación, César Sena y Obregón descartaron los restos de Cecilia— fue hallado culpable de encubrimiento simple. La única imputada que resultó absuelta fue Griselda Reinoso, expareja de Melgarejo.
Mientras espera que el Superior Tribunal de Justicia revise su condena, Sena insiste en su inocencia. Dice que no tuvo nada que ver con el “hecho criminal” y que ni si quiera conocía a Cecilia. Remarcó que para él no está probado qué ocurrió con ella y, por extensión, dice que tampoco sabe si su hijo la mató.
También aseguró que los jurados fueron “coaccionados” por el poder político y judicial y que seguramente muchos de los que lo integraron tienen cargo de conciencia, algo que, incluso, según él, podría llevar a que alguno de ellos se suicide. Dice que no tiene esperanzas de salir en libertad, pero en caso de que eso ocurra seguiría viviendo en la capital chaqueña.
A lo largo de la conversación destacó una y otra vez la obra realizada por su organización en la zona sur de Resistencia, en el barrio conocido durante años como Emerenciano y rebautizado por la gestión de Zdero como Papa Francisco. Reivindicó a su vez al movimiento piquetero, al que catalogó como “la mejor expresión del campo popular de todos los tiempos”.
Se mostró muy preocupado por la desaparición de Axel González, el joven de Fontana cuyo paradero se desconoce desde el 17 de mayo, investigación en la que existen serios cuestionamientos y fuertes sospechas respecto del accionar de efectivos de la Policía del Chaco. “Él es un desaparecido afuera y yo soy un desaparecido acá adentro, por culpa de una condena injusta”, compara.
Dice que su sueño no es recuperar la libertad ni dejar atrás lo ocurrido. Lo que anhela es que el pueblo ―al que considera hoy paralizado por el miedo― vuelva a organizarse y salga a la calle “a defender sus derechos”.
―¿Su hijo mató a Cecilia? ¿Usted y Marcela colaboraron en el crimen?
―El hecho materialmente no está demostrado. Pero vamos a suponer que sí, vamos a hablar que fue un hecho criminal que estoy de acuerdo con la investigación, que se meta preso al o a los responsables. Pero el tema es que a mí me condenaron sin estar siquiera en el expediente. No dice nada la investigación sobre mí. Y solamente me condenaron porque vinieron doce personas que no saben nada de justicia, de investigación ni de nada y le impusieron la orden de que me condenen. Y me condenaron por eso. Es más: lo dijo la misma Justicia, que fue producto de un hartazgo social. No producto de un homicidio.
―¿Se refiere a las declaraciones periodísticas de la jueza Dolly Fernández tras el juicio?
―Claro, la Justicia. Ese fue el respaldo judicial ideológico para justificar la injusticia.
―¿Hasta ahora sigue considerando que Cecilia no fue asesinada?
―Yo no puedo decir nada porque no sé nada.
―¿Y todo lo que vio y escuchó en el juicio?
―Para mí fueron un montón de cosas que no me convencieron.
―¿Y todas las pruebas contra César que se mostraron?
―Yo no soy un investigador, pero en la investigación dijeron que Marcela (Acuña) planificó un viaje en Flybondi. Al final no entendí un carajo. Y eso tampoco está en la sentencia. Pero era la pompa para llevar a juicio la cosa. Y la pompa que presentaron fue como un velorio sin cadáver.
―De las pruebas que mostró la fiscalía y que el jurado avaló con su veredicto, César Sena llevó a Cecilia a su casa y la mató ahí. Posteriormente llevó el cuerpo al campo Rossi con la ayuda de Obregón y ahí quemaron el cadáver. Eso ¿pasó o no pasó?
―No puedo decir que sí ni que no. Ellos presentaron una suposición. Una palabra que ellos usaron en toda la audiencia es que había que mirar el caso con perspectiva. Pero en el juicio no usó en ningún momento esa palabra.
―Se referían a perspectiva de género.
―Y yo lo único que sé que los únicos que hablan con perspectiva son los fotógrafos y arquitectos. Son a los únicos que les sirve eso. Y si la palabra perspectiva la vamos a llevar al derecho, digo: o hacemos justicia o hacemos imagen. Y yo creo que ellos dejaron la peor imagen con esto. No importa que yo me muera acá, que es lo más seguro que me voy a morir acá. Pero que se sepa y que se conozca, que yo soy inocente porque nunca hice nada. Y porque no presentaron una prueba que rompa mi inocencia.
―¿Qué relación tenía con Cecilia?
―Nada.
―¿La conocía?
―Nunca hablé con ella.
“Que se sepa y que se conozca, que yo soy inocente porque nunca hice nada”
―¿Sabía que se había casado con su hijo?
―No. Hoy recién me enteré que no sé si ella sola o él solo estuvieron internados un par de días en el San Gabriel (una clínica dedicada a la salud mental). Hoy me enteré porque tuve una entrevista con la jueza (Fernández). Me recibió a mí y la madre porque él (por César) está hace tres días con un brote psicótico.
―¿César no fue quien se contactó por teléfono hoy conmigo, previo a esta entrevista?
―Sí.
―¿Él está detenido ahora en la celda con usted?
―Sí.
―¿Y cómo lo ve a él?
―Mal. Y se lo dije hoy a la jueza. Está mal, necesita una atención. Cada vez está peor.
―¿Él nunca habló del caso con usted? ¿Nunca dijo: “Yo maté a Cecilia”?
―No.
―¿Nunca le preguntó tampoco?
―Tampoco. Yo ahora me doy cuenta que él no es el chico que nosotros criamos, mentalmente hablando.
―¿Y qué es?
―No sé. Por eso queremos que se resuelva esto, que se investigue.
―Su hijo recientemente estuvo internado en el Servicio de Salud Mental del Hospital Perrando. ¿Cuánto tiempo estuvo ahí?
―Medio día.
―¿Él está medicado?
―Dijeron que le van a sacar todos los medicamentos hasta que le hagan un estudio nuevo. Yo lo que quiero es dejar en claro mi inocencia. Y después no voy a decir que alguien es culpable o inocente. Porque no sé.
―Cuando a usted lo detuvieron, ¿sabía que Cecilia estaba desaparecida?
―Escuché dos o tres veces eso, pero no sabía que mi hijo estaba implicado. Se escuchaba, sí, como una desaparición. Cuando caí preso me enteré.
―En ese tiempo, ¿usted en qué estaba pensando?
―Yo estaba muy metido en la campaña electoral (iba como precandidato a diputado provincial por el partido Socialistas Unidos) y además estaba por entregar 400 casas.
―¿Las iba a entregar en el barrio que se llamaba Emerenciano?
―¡Se llama Emerenciano! Ninguna persona hizo cambio de domicilio y todas las boletas de luz y agua vienen todavía con ese nombre.
―¿No le gusta que el gobierno le haya cambiado el nombre?
―A mí ni me va ni me viene. A mí me interesa mi libertad y mi vida. Pero me parece que la gente del barrio es la que tiene que defender el nombre. Yo no tengo nada en el barrio ni viví en el barrio.
―¿Tiene contacto con los vecinos de ahí? ¿Lo vienen a visitar?
―Sí.
―¿Qué le dicen?
―Ellos están con la ilusión que yo salga de acá. Creo que es una ilusión que no se les va a dar, pero bueno.
―Pero públicamente ellos no dicen nada.
―Es que tienen mucho miedo. Como todos acá. Como la policía. La policía investiga la desaparición de Axel (González) pero con las manos cerradas, parece un guante de boxeador porque si tienen que decir la verdad saben que ellos van a ir presos. Yo soy Axel. Axel está desaparecido allá afuera, como la sociedad está desaparecida hoy. Y yo estoy desaparecido acá por una condena cruel, injusta e ilegal. Porque hicieron todo ilegal para sacar a un potencial oponente político. Porque podía cambiar Coqui (por Jorge Capitanich) y venir (Leandro) Zdero y si quería tener un buen gobierno y no un gobierno asqueroso como el que tiene ahora, lleno de desaparecidos y lleno de desgracias para el pueblo, podríamos acordar y seguir haciendo las casas que todavía faltan hacer en el barrio y en toda la zona sur (de Resistencia).
―¿Por qué entonces si usted no tiene nada que ver ahora está condenado?
―Tome el caso (de Gustavo) Muller de 1999. Al fiscal Muller lo persiguieron hasta que lo destruyeron. La mujer murió en su casa como una perra y después murió él también en el abandono absoluto. Porque lo persiguieron y lo condenaron por una causa armada que era por incitación a la violencia colectiva, sedición… El centro comunitario del barrio (Emerenciano) se llama “Gustavo Adolfo Muller”. ¿Usted cree que hoy se va a poner el nombre en algún lado de algún fiscal o de algún juez? Hoy los jueces y los fiscales son vistos como los militares en la época de la dictadura porque es lo que están haciendo. Son la nueva dictadura.
―Pero no me respondió.
―Y esa es la causa. Ya (el exgobernador, Ángel) Rozas intentó este operativo.
―¿De meterlo preso?
―Sí, de condenarme.
―¿Por qué caso fue?
―Por un discurso frente a Casa de Gobierno.
―Pero por un discurso no le van a dar perpetua.
―Usted habrá visto alguna vez la formación militar de los ingleses (grafica el movimiento agarrando perpendicular la birome y va a avanzando marcando fuerte cada paso). Que van tirando y van cayendo también. Eso son los socialdemócratas. Van matando, van matando, van matando. Por eso ellos nunca van a tener gobiernos largos. Porque siempre matan al pueblo de hambre.
―¿Se refiere al radicalismo?
―Sí, desde (el expresidente, Hipólito) Yrigoyen para acá siempre hicieron lo mismo.
―Volviendo al juicio por el caso Cecilia, hace poco volví a escuchar la declaración de Marcela Acuña. Dijo que habló con usted en algún momento, le pidió disculpas por haberle mentido y, según ella, usted le respondió: “A un compañero no se le pide disculpas, se le dice la verdad”. ¿Usted le dijo eso? ¿Por qué se lo dijo?
―Fue una forma de responderle en ese momento. Una respuesta espontánea. Porque hubiese sido otra cosa si yo hubiese sabido.
―¿Si hubiese sabido qué cosa?
―Lo que pasó, que no sé qué fue lo que pasó. No puedo decir qué pasó porque no sé.
―Si se enteraba que su hijo mató a Cecilia, ¿lo hubiera entregado?
―Automáticamente. La (comisaría) Tercera estaba a seis cuadras de mi casa.
―¿Lo hubiera llevado a la comisaría?
―Sí, como tiene que ser.
“César está mal, necesita atención; cada vez está peor”
―¿No lo hubiera encubierto?
―Como hasta ahora. Yo no digo nada porque no sé nada. Nunca encubrí a nadie. Yo soy de los que dicen las cosas. Y las cosas son lo que son, ni buenas ni malas. Es la realidad. Y si pasó algo, pasó. Así siempre fui y así voy a morir. No voy a ensuciar mi historia.
―¿Ni siquiera por su hijo?
―No, ni por mí. Por eso no hago nada. No tengo vicios. No fumo, no tomo. No tengo propiedades, nunca me interesó. Ni me va a interesar, porque nací así.
―También escuché nuevamente el alegato de cierre del fiscal Juan Martín Bogado. Y, de lo que se desprende de ahí, a usted lo condenan por tres cuestiones: una es porque era un líder de un movimiento social donde teóricamente no pasaba ninguna decisión sin que usted se entere; otra fue la esquela que intentó entregarle su hermana Marcelina cuando usted estaba hace un mes detenido en la comisaría Tercera de Resistencia y otra es un audio que usted le envió a su colaborador Obregón. ¿Cómo interpreta esos elementos y qué explicación tiene para cada uno?
―Yo me inclino por lo primero. Lo otro fue para rellenar. Pero realmente me condenaron a perpetua por cortar calles y rutas, por pan y por trabajo. Eso sí. Y acepto. Toda la vida milité para esto, para que me condenen por cuestiones políticas porque toda mi vida milité en contra de la derecha y siempre a favor de la gente.
―Entonces, ¿usted coincide con Bogado que todo lo que ocurría en el movimiento social pasaba por usted? ¿Qué usted se enteraba de todo antes?
―No. Es imposible. Es más: cualquier persona, incluido usted, si tiene, vamos a suponer, dos hijos, hay un montón de cosas que pasan en su casa que usted no se entera. Porque es normal. Y yo vivía en una familia de más de 3 mil o 4 mil familias, porque políticamente eran todos mi familia.
―Lo traigo de nuevo a los indicios que terminaron con su condena. La segunda cuestión fue la famosa esquela que le entregó su hermana Marcelina…
―De eso también me enteré en el juicio porque se lo sacaron a la entrada (de la comisaría), supuestamente.
―En esa nota decía algo así como que usted “haga circo” para que le den la domiciliaria, que el abogado Ricardo Osuna ya tenía “todo arreglado”.
―Osuna en ese momento todavía no era mi abogado. Era (Juan Carlos) Saife mi abogado. Yo no sabía nada porque primero Osuna fue abogado de César y de Marcela.
―¿Y por qué hizo eso su hermana?
―Mi hermana dijo que no hizo eso, lo dijo en el juicio. Tampoco se peritó los papeles. Y en la (audiencia) preliminar habían dicho que eso no podía pasar (al debate oral) porque no se había hecho la pericia caligráfica. En la apelación leí que el que presentó el papel era un oficial, el que salía de primer testigo era un sargento, el otro era un cabo. Todos policías. Yo no estoy en contra de los policías porque ¿qué van a hacer? ¿Qué cree que puede hacer un policía que le traen capaz un “cachivache” y le dicen: “Mirá, vos tenés que llevarlo a la Unidad 1 de Corrientes y meterle un tiro en la cabeza”? ¿Crees que no va a hacer? Lo va hacer. Mi vida acá no vale nada. Yo estoy convencido que acá soy como una mercadería. Soy como una bolsa de 100 kilos de cocaína. Que todo el mundo mata por apoderarse de esos 100 kilos. Y es un gran negocio para todos: para todos los abogados, para todos los fiscales, para todos los periodistas. Todos viven de Emerenciano.

―Y la tercera cuestión sobre los indicios contra usted es el mensaje a Obregón. Se lo voy a leer para recordárselo: “Gustavo: lo de Ómicron te voy a dejar en el reloj abajo, donde están los focos, esos de electricidad. Ahí va a estar eso para vos, y vos sabés dónde yo me voy a amanecer hoy, porque yo te dije. César va a Colonia Elisa con la Riti (por Rita Romero, directora de la escuela secundaria del barrio Emerenciano), creo que va. O sea que va a cambiar de menú hoy, y después va a venir a dormir acá en casa, así que estate mucho en contacto con él, cosa que cuando llegue te pegás a él y tratá de que se quede acá. Comele la oreja para que se quede, porque me pica que está teniendo un drama por ahí, ¿sabés? Ocupate de eso de él, no le digas a nadie de esto, que quede entre vos y yo nomás. Nos vemos”. ¿En qué contexto se dio y qué significa ese audio?
―(César) me adoraba y cuando lo invité (a cenar) me pareció raro que me diga: “Tengo unas cosas pendientes”.
―¿Cuándo le dijo eso?
―Ese día (por el día del femicidio de Cecilia). ¿Por qué se fue a Colonia Elisa si yo me iba a cenar esa noche en una casa y me iba a quedar a dormir ahí? Y yo le había dicho que quería que cene conmigo esa noche. Él nunca me decía que no. Nunca. Fue la única vez que me dijo que no.
―¿Eso le dijo en persona?
―No, por texto. Porque él presencialmente no iba a decir que no. Va a tener que decirme que sí. Yo no sabía del viaje a Colonia Elisa y me dijo: “Estoy llegando a Colonia Elisa y creo que vamos a andar por varios lugares”.
―¿Ese era un operativo de salud del movimiento social?
―No, era algo del partido, estaban tratando de instalar la boleta. Estábamos metidos en la campaña. Y yo no me iba mucho a esas cosas y si iba me iba un flechazo y venía porque en la obra de construcción si uno no está, no existe. Es como se dice: si querés hacer una cosa bien hecha, tenés que hacerla vos mismo. No hay otra.
―Entonces, ¿usted vio esa situación con César y le envió un audio a Obregón?
―Claro. Porque a la noche, ¿qué iba a hacer? Si no hay operativo de salud a la noche.
―¿Ahí usted notó que le pasaba algo?
―Algo estaba por hacer esa noche. No sé ni donde fueron esa noche, ni nada por el estilo. Porque yo soy de cenar temprano y acostarme temprano. Y apago todos los celulares, no atiendo a nadie.
―De ese mensaje, da la impresión de que usted está pidiendo a un niñero que cuide a su hijo.
―Eso era normal, desde chiquito.
―Pero César en ese momento tenía 19 años.
―Si, pero seguía siendo igual. Como antes.
―¿Como si fuera un niño?
―Siempre estuvimos así. Cuando iba a primer grado, nos juntamos con la mamá y decidimos quién va a hacer política y quien va a ser de niñero o niñera. Yo no tengo problema de ser niñero, pero si yo hago esto vos ocupate de lo otro. Y si vos te ocupás de esto, yo me ocupo de lo otro. Y a partir de ese momento fue así. Yo no estuve ni en los cumpleaños, ni cuando terminó jardín, ni cuando terminó séptimo grado.
―¿Por qué?
―Porque yo estaba trabajando. Yo ya estaba decidido.
―¿Se siente culpable de eso?
―No, para nada.
―¿Hubiera cambiado algo si usted estaba presente?
―No sé. Porque yo creo que si pasó algo es un problema mental de él.
―¿Usted se siente un buen padre?
―Sí.
―Tiene otros hijos, ¿verdad?
―Sí.
―¿Cuántos tiene?
―Legal tengo… creo que son ocho o nueve, por ahí. No sé a cuántos le pusieron el apellido.
―¿Tiene contacto con ellos? ¿Lo vienen a visitar?
―Vinieron a verme cuatro o cinco, por ahí. Y hay uno que siempre viene. Acá adentro tengo más contacto con ellos que afuera.
―¿Son de algún matrimonio anterior?
―Algunos de matrimonio, otros de pareja.
―¿Fue en el tiempo que ya estaba con Marcela?
―No, antes. Hay un solo caso que tiene más o menos la edad de César. Se rumorea que son 12, otros dicen que son 17. Pero yo no soy el padre.
―¿Hay personas que están reclamando la paternidad, pero usted niega?
―No, yo no niego nada. No sé si es cierto o no.
―Volviendo al audio a Obregón, usted menciona ahí que le dejaba un dinero para Ómicron. ¿Qué es Ómicron?
―Nosotros teníamos un grupo de mujeres que oscilaba entre las 50 y 100.
―¿Mujeres que trabajaban en el obrador de las viviendas del barrio Emerenciano?
―Sí. Mujeres muy capaces. Nunca pensé que iba a llegar a ese nivel de la Selección. Así teníamos ese equipo. Y las mujeres eran el COVID.
―¿Por qué las mujeres eran el COVID?
―Porque le mataban a todos los vagos, en laburo. Eran las que mataban a todos. Ahí tenías electricista, soldadora, hacían piso, hacían cloaca, hacían pared. Todo hacían. Y vos los ponías a laburar a ella y a los vagos, y las mujeres le comían todo el día, todos los días. Así, dale que va. Como seis o siete años estuvimos así. Muchas casas se hicieron gracias a la tempestad de las mujeres, se avanzaba a dos manos.
―Ómicron es una variante del COVID.
―Claro, y nosotros éramos Ómicron. Éramos más bravos, angaú. Todas nuestras cajas de herramientas pintamos de negro y le pusimos la letra ómicron en roja. Nosotros ni una sola hora paramos en la época del COVID. Durante la pandemia construimos 40 casas. Le metimos pata. La gente no podía ir a ningún lado. Ni a la casa de la mamá, ni del papá, nada. Y nosotros hicimos salvoconducto por todos lados para traer a las mujeres, bien temprano. A las 5 de la mañana ya las traíamos.
―Y esa plata que dejó en su casa ¿era para que Obregón pague a los obreros?
―Claro.
―¿Cuánta plata era?
―No me acuerdo. Se sumaban los días de la semana y se pagaba.
―Durante el juicio, el fiscal Bogado dijo que se pagaban los sábados y el día en que usted dejó el dinero fue un viernes.
―El fiscal mintió en todo el proceso. Yo le digo Pinocho, por la nariz que tiene. Pinocho Ahogado. Bueno, Pinocho Ahogado dijo cualquier mandioca, cualquier batata. No sé de quién sacó qué era lo que hacíamos y cómo lo hacíamos. Una barbaridad. Dijo que éramos una mafia asesina, con un plan. ¿Dónde está el plan? ¿Cómo me van a condenar por un plan que ellos no pudieron corroborar? Es un burro. Ese fiscal es lo opuesto al fiscal Muller. Es el hazmerreír de los fiscales. Un tipo berreta, totalmente desinformado.
―Pero aun así logró convencer a 12 personas para que lo condenen.
―Pero son 12 personas que no conocen nada de leyes. Aprovechando esta nota, les pido a los que integraron el jurado, que se animen a decir lo que pasó ahí. Nadie me contó nada, pero estoy seguro que esa gente fue coaccionada.
―¿Coaccionada por quién?
―Por el poder político: por Zdero, por (el ministro de Seguridad del Chaco, Hugo) Matkovich, por (el Procurador General del Poder Judicial del Chaco, Jorge) Canteros.
―Usted está diciendo algo muy grave.
―Yo quiero que se investigue.
“El movimiento piquetero fue la mejor expresión del campo popular de todos los tiempos”
―¿Cómo fue esa coacción de la que usted habla? ¿Qué sabe usted?
―Si se dictara una enmienda, como dicen los yanquis, para que a esa gente se le permita decir su verdad… Además, yo creo que debe haber gente que con el tiempo se va a suicidar, porque le “come el coco” haber condenado a un inocente. Por eso ese día (del veredicto, donde tardaron más de diez horas a lo largo de dos jornadas) no podían sacar el resultado. Hasta que a última hora de ese sábado sacaron porque ellos no podían atemorizarle lo suficiente a los miembros del jurado para que firmen la sentencia.
―En teoría, el jurado, mientras delibera, está aislado en una habitación cerrada sin contacto con nadie. ¿Eso no pasó?
―Había un espacio vidriado arriba, donde los jurados se estaban mandando mensaje con la gente que estaba afuera en la plaza pidiendo mi condena. Hay una foto.
―Tengo entendido que estaban atrás, del otro lado del edificio. Y que no escuchaban nada de lo que ocurría en la plaza.
―Estaban en contacto con la gente que estaba afuera.
―¿Cómo atravesó la experiencia del juicio por jurados?
―La gente tendría que comenzar a organizarse y discutir esto en los barrios. Trabajar para que impida que el sistema corrupto de un gobierno como este le envíe un telegrama para que usted se presente obligadamente para hacer ese trabajo sucio que ellos no se animan a hacer. Es un mecanismo horrendo, vergonzoso.
―Usted en el juicio no dijo eso. Dijo que estaba esperanzado en ese momento que sean ellos quienes tomen la decisión del veredicto. ¿Cambió su postura después del juicio?
―Siempre pensé igual. Desde que caí preso sabía que iba a pasar esto.
―¿Y si hubiera sido un juicio tradicional con un tribunal y jueces técnicos? ¿Cree que el resultado iba a ser igual?
―No creo. Porque ahí si el abogado trabaja sobre lo que escribió, lo que estudió. Igual, como dice el refrán “hecha la ley, hecha la trampa”. Podría haber sido el mismo resultado, pero tendría nombre y apellido. El barrio Emerenciano tiene nombre y apellido hasta en el nombre del barrio. En cada casa, arriba de los tanques, tiene el nombre Emerenciano porque nunca me quise esconder de nadie. Yo no voy a dejar de decir lo que pienso, mi cabeza sigue funcionando. Por más rejas que me pongan, las ideas no se encierran ni se matan. Yo voy a morir acá, pero mi idea de luchar por la gente va a quedar. Va a brotar desde el lugar de donde menos se imaginen, va a salir otro Emerenciano. Va a tener otro nombre y tal vez otro sexo. Pero va a ser la misma lucha, y tal vez mejor.
―Para cerrar el tema del audio, ¿no le pareció que era importante aclarar esto en el juicio? Porque cuando usted declaró, no explicó a qué se refería con Ómicron, el dinero y el estado anímico de su hijo.
―¿Y para qué voy a decir algo que ya estaba todo armado? Diga lo que diga iban a presionar al jurado y la sentencia iba a ser igual. Yo me di cuenta de entrada que estaba todo armado. Los primeros diez días que estuve preso, yo dije que tenía como piso (de condena) dos años. Dentro de dos años iba a saber qué carajo iban a hacer conmigo. Y hoy yo sé que voy a estar acá hasta que me muera. Porque yo no voy a vivir más de dos o tres años en esta situación, en estas condiciones. Afuera capaz que sí. Lo que le quiero pedir a la gente es que no permita que me muera al pedo acá adentro. Porque si ellos no salen a la calle a pelear por sus derechos, me morí al pedo. Es lo único que me preocupa. Que la gente esté con miedo.
―Su condena fue apelada y está siendo revisada por el Superior Tribunal de Justicia. ¿Cómo cree que va a fallar?
―En contra mío.
―¿Por qué está tan seguro?
―Porque son así. Porque son parte de un aparato que devora sin cesar a todos los derechos. Todos los derechos se han devorado. Y yo soy parte del menú. Le digo la verdad: a mi me interesa tres carajos, yo tengo 62 años, ya viví mi vida. Pero, ¿Axel? ¿Y los otros chicos desaparecidos? ¿Qué hacemos con esos chicos?
―¿Usted no tiene esperanza de salir de acá?
―No tengo esperanza en ellos. Ellos tienen un largo gobierno todavía.
―¿Dice que si cambia el gobierno tiene posibilidad de salir?
―No sé. Tiene que cambiar el concepto. Pero los radicales nunca van a cambiar. Los radicales siempre trajeron desgracia, pobreza y miseria. Y la miseria es sinónimo de muerte. Ellos son los asesinos de Napalpí, defienden los mismos intereses. Por eso no tengo ninguna garantía con ellos.
―En caso de que el Superior Tribunal confirme el fallo, le queda la Corte Suprema. ¿Tiene esperanza en la Corte?
―Yo no tengo esperanza en nada, ni en nadie.
―¿Sueña con salir de acá?
―Sí. Quiero salir. ¿Cómo no voy a querer salir?
―Si sale, ¿viviría en Resistencia?
―¡Sí!
―¿No se iría a otro lado?
―¿Dónde voy a ir si no tengo otro lugar?
―Se lo digo por el odio social que hay hacia usted y hacia todo lo relacionado al movimiento piquetero.
―Me importa tres carajos el odio social. Me interesa tres carajos la sociedad. Siempre dije eso. Más de 25 años milité en la calle y siempre me hicieron la misma pregunta. Y yo dije que si espero algo de la sociedad no voy a comer. Yo tengo que hacer lo que tengo que hacer para comer o para vivir. Y después ya hacía más por los otros que por mí. Hice todas esas casas ahí y yo no tengo una sola casa. No creo que tenga que ser aceptado o rechazado por la sociedad.

―¿No le tiene miedo al hostigamiento o a que alguien lo agreda en la calle?
―¡Si yo también tengo manos! ¿Con qué me van a agredir ellos? Con la mano. ¿Y qué? ¿Soy manco? Yo voy a tener miedo a la sociedad en la calle, pero me voy a enfrentar: voy a perder o voy a ganar. Y también me va a tener que tener miedo Pinocho Ahogado porque ¿qué va a pasar si nos cruzamos en la vereda? Él me va a tener que pegar o yo le voy a pegar. Una de dos va a pasar. No sé quién le va a pegar más al otro, pero tiene que pasar porque es la ley de la vida. Si a usted le meten una bofetada ¿qué va a hacer usted? Tiene que meter otra bofetada. Y también si le encuentro a Zdero o a Matkovich. Por eso me tienen miedo. Porque yo no le busco pelea a nadie, pero nadie me va a pegar gratis.
―¿Cómo es un día de usted en la cárcel?
―A las ocho de la mañana nos abren la reja. Nosotros estamos en el pabellón 5 que tiene un pasillo ciego, de unos nueve metros. En el pabellón hay ocho camas y estamos tres detenidos: Carlos Barraza, César Sena y yo. Salimos a un espacio que está abierto para lavar, la canilla está ahí. Tenemos que llevar agua para tirar adentro de los inodoros porque no hay agua para los inodoros. Y a las 18 tenemos que entrar de vuelta.
―¿Y qué hace desde las 8 hasta las 18?
―Lavo mi ropa, la de mi hijo, limpiamos el lugar. Se ocupa todo el día. Me falta una materia para ser profesor de historia. El tema es ocupar la cabeza. Hace poquito me sangraba toda la cara, todo pus (se señala las erupciones cutáneas que se le notan en el rostro). Y ahora con el estudio y todo eso, es como que me distraigo. Ahora estoy bastante bien, me quedan las cicatrices nomás.
―¿De qué temas hablan con Barraza y César?
―Es un nuevo mundo. Ahora recién estoy acostumbrándome.
―¿Cómo es?
―Es el mundo del muerto. Nosotros ya estamos muertos. Usted está hablando hoy con un cadáver. No quiero ser místico, pero yo soy práctico. Uno está acá y es tratado como un cadáver. Tratado y considerado un cadáver.
―¿Le costó aceptar eso?
―No. ¿Vio la libertad de los que estamos afuera, que creemos que estamos en libertad? Pero en este sistema no existe nadie en libertad. Y acá te das cuenta que los que estamos afuera somos los más estúpidos que hay. Los más conscientes son los que están acá adentro.
―¿Por qué?
―Por qué acá te vas dando cuenta lo que es la vida. Lo que son capaces de hacer los humanos en contra de la especie.
―¿Qué relación tiene actualmente con Marcela Acuña?
―Buena. Ella es mi señora, la mamá de mi hijo. Tenemos visitas de revinculación, sábado por medio.
―Ella dijo en el juicio que ustedes estaban separados.
―Estamos separados de hecho. No está resuelta nuestra situación.
―¿Se tratan como amigos?
―No. Ni como amigos, ni como maridos, ni como nada: como presos.
―¿Usted tiene otra pareja?
―No. No tengo ni visitas ahora, ningún tipo de visitas. Ahora tengo porque viene a verme un hermano mío que vive en Buenos Aires y anda por acá.
―Lo quiero llevar a una causa que también está pendiente sobre lavado de dinero que está en la justicia federal. ¿Qué piensa de ese expediente?
―Esa es un desprendimiento de la causa Sueños Compartidos. Es una causa que tiene 13 o 14 años, prescribió, después lo reflotaron. (El fallecido periodista) Jorge Lanata decía que la mafia de los jueces retiene las causas en el disco rígido y cada vez que la necesitan la reflotan. Así hicieron conmigo.
―La causa de lavado nace con los 6 millones de pesos que encontraron en el primer allanamiento en su casa cuando lo detuvieron, en junio de 2023.
―Y nada que ver, si eso tiene origen. No sé si sacamos eso esa mañana o un lunes. Pero era al final de un día que fuimos a retirar ese dinero. Eso era automático: nosotros presentábamos la rendición y se activaba la nueva financiación.
―¿Cree que en el juicio de lavado va a ser declarado inocente?
―Si están decididos, me van a condenar. Pero no van a tener sustento, como en esta causa.
―A groso modo, esta causa plantea que usted se enriqueció con el movimiento social. ¿Usted se enriqueció?
―Lo único que tengo a mi nombre que está en Santa María de Oro 1460 es una (bicicleta) Balona roja doble caño, que debería estar ahí todavía.
―¿El campo Rossi no está a su nombre?
―Sí, a nombre mío y de mi señora. Pero eso me dio el gobierno. Ese era un terreno fiscal. Y yo después de estar 11 años ahí pagué en cuotas 220 mil pesos por ese terreno.
―¿Ese terreno no era para el movimiento social?
―No, ese terreno yo puse una chanchería hace muchos años ahí.
―¿Siempre fue de usted?
―Sí, nadie más estuvo ahí.

―Y otro tema es el de la Escuela Pública de Gestión Social 2, que está en el Barrio Emerenciano. El gobierno de Capitanich, tras el femicidio de Cecilia, la intervino, se hizo una auditoría y se detectaron faltantes de más de 60 millones de pesos. ¿Qué pasó ahí?
―Hay que investigar. Que comprueben si es cierto.
―¿Usted no manejaba la escuela?
―No. La escuela tiene su historia, hasta ahora funciona. Evidentemente yo no la manejaba. Y si sigue funcionando es porque les sirve. Sino la hubieran cerrado.
―¿Algún político vino a verlo a la cárcel?
―No. Y no quiero tampoco.
―¿Por qué?
―Porque nunca fui de una línea política en especial. No me identifico con nadie, con ninguno. Me identifico filosóficamente con la gente que tiene compromiso con la clase popular, con el trabajador, con el desposeído, con el pobre. Con ese me identifico.
―Capitanich estuvo muy cerca de usted mucho tiempo apoyando la construcción del barrio…
―Él no estuvo nunca cerca mío: yo estuve cerca de él. Porque él era el gobernador. Yo no tuve ningún cargo de poder. No tuve porque no quise.
―Algunos medios hicieron todo lo posible para implicar a Capitanich con el caso Cecilia, replicando constantemente imágenes de él con usted. ¿Qué piensa de eso?
―Ellos demonizan la imagen de un gobernador con alguien del campo popular. Porque ellos no se juntan con los del sector popular. Ellos se juntan con los embajadores norteamericanos, ingleses, las grandes empresas. No se van a juntar con Don Moncho, allá del barrio, y ayudarle a que salga adelante. Yo no soy amigo ni nada del señor Capitanich pero no tengo problema en decir, le guste a quien le guste, que fue el mejor gobernador de la historia de la provincia del Chaco. Yo a él no le debo nada, milité muchos años antes de que él sea gobernador. Ya estuve preso, ya me hicieron juicio. Pero habla por sí sola la cantidad de obras que hizo ese hombre en la provincia. No se puede negar eso. Este pobre pigmeo de la política que le dicen “El Zorrino”, que es un animal hediondo y dañino…
―¿Se refiere a Zdero?
―Sí. El gobernador “Zorrino” quiere equipararse con el señor Capitanich pero es imposible de cualquier lado.
―¿Cuánto cree que influyó en el resultado de la elección del 2023 el caso Cecilia?
―Todo.
―¿Zdero ganó por este caso?
―El 100%. Jugaron once con arco libre y sin ningún jugador del otro lado. No me duele lo que me pasa a mí, pero me duele lo que le pasa a la gente. Porque el gran derrotado es el pueblo pobre de la provincia del Chaco. Porque al meterme preso a mí, garantizan el hambre de la gente. La falta de trabajo, la pobreza, la persecución, el temor. A la gente le pido disculpas. A todos los barrios, a toda la provincia, le pido disculpas. Eso lo único que me molesta, me lastima y hasta sufro por eso.
―¿Qué le diría a Gloria Romero, la mamá de Cecilia?
―Nada. ¿Qué le voy a decir? Ni le conozco.
“Yo no me puedo solidarizar con quien estuvo en contra mío”
―¿Escuchó lo que dice de usted?
―No, pero tampoco me interesa. No tengo nada para decirle, no la conozco, no vi ninguna declaración de ella, y calculo que no habrá hablado bien de mí porque es radical.
―¿Tampoco se solidariza con ella con lo que le pasó a su hija?
―Yo no le debo solidaridad a nadie. Nadie fue solidario conmigo. Yo no conozco la solidaridad hoy. Yo fui solidario toda mi vida. Sí me solidarizo con esta familia (la de Axel González) que dijo claramente que la policía mató a su hijo. Ellos dicen que hay testigos. Y en mi caso no hay ningún testigo que diga que yo hice algo. Ella es parte de la mentira en contra mío. Yo no me puedo solidarizar con quien estuvo en contra mío. Sería un idiota universal. Yo no soy ni pastor ni sacerdote. Ni quiero ser. Es más, yo no estoy de acuerdo con la cárcel, nunca estuve de acuerdo con la cárcel. Con causa o sin causa.
―¿Y qué se debería hacer entonces con alguien que comete un crimen?
―No sé, pero esta no es la salida, seguro. De última, metele un tiro. Al que le metió un tiro, metele un tiro.
―La ley del Talión.
―¿Qué sentido tiene que la persona se pudra en la cárcel? Se pudre en todo sentido. Una de cada 10 millones sale mejor de acá. O sale igual. Evidentemente el resultado es catastrófico. Es demoníaco. Estás fabricando un arma que va a salir a hacer otro daño. ¿Eso es lo que queremos? Por eso creo que hay que sacar esto. Y sacar también el juicio por jurados. Es una hipocresía estúpida. No tiene sentido traer a doce personas sin nombre ni apellido.

―¿Tiene alguna autocrítica hacia el movimiento piquetero?
―No tengo autocrítica. Creo que lejos fuimos la mejor expresión del campo popular a nivel nacional, de todos los tiempos. Si bien hubo compañeros de la década del setenta, con aciertos y con errores, creo que somos hoy la expresión más genuina y contundente porque nunca los ricachones se asustaron tanto de la gente como con los movimientos de desocupados. El movimiento de desocupados es un cáncer, un gusano en el medio del orto de Zdero y Milei.
―Hoy el movimiento piquetero está prácticamente aniquilado.
―Claro.
―¿Puede volver?
―Sí, seguro. Es una cuestión de oleadas.
―¿Cuál es su máximo sueño ahora? ¿Qué es lo que más desea?
―Mi sueño hoy sería que la gente salga a la calle y defienda sus derechos. Que le rinda homenaje al exsecretario general de la UPCP (Unión del Personal Civil de la Provincia) Raúl Vallejos que entregó su vida por los trabajadores públicos. Que le rinda homenaje a José Suárez, del Sindicato de Trabajadores Judiciales que le hicieron lo mismo que a mí hoy, que me armaron una causa, que 15 o 20 años después lo declararon inocente, pero ya le destruyeron la vida. Que puede pasar lo mismo conmigo o no. Ni me interesa hoy. Pero si tengo un deseo hoy es saber que la gente salió a reclamar por sus derechos. Yo formé un movimiento con personas que salían a cortar calles, a quemar gomas, porque no tenían nada para comer en la casa. Era eso o era la muerte y desnutrición de su hijo. Y así empecé a cortar las calles con las Madres Guerreras de Villa Los Lirios. Lo hicimos solos, sin políticos, sin plata, sin nada.
―Me sorprende escuchar eso. Pensé que su máximo deseo era recuperar la libertad o que no haya pasado lo que pasó el 2 de junio de 2023.
―La libertad de la gente es mi libertad.