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La movilización del 3 de junio en la capital chaqueña estuvo marcada por la frustración y el hartazgo de una sociedad que se cansó de la inacción de funcionarios públicos frente a los numerosos casos de femicidios.  Además, se reabrió el debate sobre el papel de los hombres en la prevención de la violencia machista.

Jueves, 4 de junio de 2026

Foto: Florencia Diaz

Por Florencia Diaz 

La tarde del miércoles volvió a teñirse de carteles violetas, pancartas, bombos y consignas en el centro de Resistencia. Una convocatoria atravesada por el impacto de recientes femicidios que conmocionaron al país, como los de Agostina Vega, en Córdoba, y Dulce Candia, en Misiones. A lo largo de la marcha también se escucharon críticas al desmantelamiento de programas de prevención, así como al debilitamiento de las áreas del Estado destinadas a garantizar derechos y acompañamiento a mujeres y diversidades en contexto de violencias.

“Denunciamos a este gobierno negacionista y represor”, se escucha desde una de las columnas que avanza por avenida 9 de Julio. Desde la organización aseguran que la movilización alcanzó unas 15 cuadras de extensión, una multitud de mujeres, personas de la diversidad y hombres integran la columna.

Entre quienes participaron se encontraban Micaela, de 22 años, y Hanna, de 21. Ambas estudian el profesorado de Inglés y compartieron su primera experiencia en una convocatoria de Ni Una Menos. “Es importante mostrar el apoyo y estar presentes, mostrar lo que sufrimos nosotras por ser mujeres”, expresa Micaela.

“Yo también siempre quise venir. Aprovecho ahora que vivo acá porque en mi pueblo no existen estas marchas”, agrega Hanna, oriunda de Colonia Elisa. Las jóvenes señalan que los recientes femicidios fueron determinantes para decidir participar de la movilización. “Lo que pasó con Agostina y con Dulce nos movilizó mucho. También escuchar que el presidente diga que los femicidios bajaron, cuando seguimos viendo estos casos todo el tiempo”, afirman.

“Pediríamos que vuelva el Ministerio de Mujeres y que funcione. Que el Poder Judicial también se involucre, que se respeten las leyes y que haya justicia, porque el femicida de Agostina no tendría que haber estado libre, como muchos otros”, remarcan.

3.400 víctimas

Para muchas de las personas presentes, la ausencia de respuestas estatales es uno de los principales problemas. “Desde el gobierno provincial no vemos una respuesta a esta problemática y la lucha contra la violencia de género termina siendo sólo autogestiva”, plantea Hanna.

Entre las voces de la movilización también estuvo la de la militante feminista y trabajadora de la Subsecretaría de Derechos Humanos, Magdalena Corvalán. Señala que las cifras de femicidios en la provincia son alarmantes, sobre todo en retrospectiva. “Se cumplen once años del primer Ni Una Menos y tenemos más de 3.400 víctimas de femicidio en el país. En Chaco también registramos números preocupantes en lo que va de 2026, sumado a una crueldad creciente en estos crímenes, como síntoma de que algunos sienten que están habilitados a hacer lo que quieran con nosotras”.

En efecto, los números de la provincia son preocupantes. Con 11 víctimas y una tasa de 1,80 femicidios cada 100.000 mujeres, Chaco volvió a encabezar en 2025 las estadísticas nacionales elaboradas por la Corte Suprema y difundidas recientemente. La tasa provincial más que duplica la media nacional y ubica a la jurisdicción, por tercer año consecutivo, en el primer lugar entre las de mayor incidencia de femicidios del país.

Fotos: Florencia Diaz

Melany tiene 34 años, trabaja en el ámbito universitario y decidió asistir a la movilización junto a un amigo. “Primero viene una sensación de hartazgo, las ganas de llorar, de romper todo. Aunque es importante organizar el enojo, buscar lo colectivo, eso es lo que nos salva de alguna forma”, reflexiona.

En sus palabras se puede sintetizar uno de los sentimientos predominantes de la jornada: transformar la indignación individual en una acción colectiva capaz de concretar cambios reales.

Graciela Ríos tiene 70 años, es docente jubilada y participa convencida de que la situación requiere una respuesta urgente. “Con el avance de la tecnología y todo, cada vez estamos peor. No hay una Justicia que responda. Si hubiera un Poder Judicial presente, a lo mejor no ocurriría esto. Por eso decidí participar de esta marcha, como argentina”, expresa.

Su mirada es crítica tanto con las políticas nacionales como provinciales: “Las políticas de género en Chaco son cualquier cosa, no hay un orden, todo es un descontrol, no hay justicia”.

Y los hombres, ¿qué papel juegan en la lucha?

La discusión sobre la presencia de varones también abre un debate polémico, ya que un grupo sostiene que no deberían invadir los espacios de mujeres y diversidades; otras demandan responsabilidades compartidas en la lucha contra la violencia machista.

Martín fue a la convocatoria con una amiga, tiene 33 años y es trabajador de la salud mental. Él considera que los hombres deben asumir un rol activo. “Tenemos que empezar a preguntarnos cuál es nuestro lugar en esta estructura patriarcal que termina en que cada 31 horas una piba muera a manos de un hombre”, afirma.

Para él, la transformación cultural no puede depender exclusivamente de las mujeres y los feminismos. “Vemos todo el tiempo el pésimo tratamiento de los medios sobre las diferentes violencias que se ejercen. Más allá de que tenemos un Estado y un gobierno que abandonaron las políticas de género, la organización de los feminismos y de las organizaciones populares sigue estando de pie y bancando, pero si no nos involucramos los hombres, que somos los principales actores de este problema, no hay salida”, sostiene.

También remarca que las políticas públicas necesitan una construcción social previa, para que existan debe haber una construcción colectiva desde las bases, con participación popular. “Si no escuchamos a las organizaciones feministas, vamos a seguir errando el camino”, sostiene.

Por su parte, Hanna y Micaela dicen que los hombres deben empezar a hablar sobre la violencia de género en sus círculos. También sobre las medidas que toma el gobierno respecto a esta temática, como el recorte de recursos.

“Los hombres tendrían que estar acá también con nosotras. Somos las mujeres las que damos la vida. No sé por qué tienen que asesinarnos ni qué les pasa por la mente, pero ellos se tienen que involucrar para que los femicidios se terminen”, afirman.

Por su parte, Graciela remarca que “somos las mujeres las que le damos la vida, no sé por qué tienen que asesinarnos, ni qué les pasa por la mente, pero ellos se tienen que involucrar para que los femicidios se terminen”.

Finalmente, Corvalán se posiciona a favor de los dispositivos psicosocioeducativos para las personas con denuncias por violencia de género, pero sin incluir a los hombres denunciados por delitos sexuales. “No es una cuestión de que hagan un cursito, es un trabajo serio con equipos interdisciplinarios. Muchas personas con actitudes violentas hubiesen podido tener la oportunidad de repensarse, de corregir esa manera de violentar a otras personas y quizás las estadísticas serían menos hostiles para todas”.

Mientras la entrevista concluye, desde los megáfonos de la organización se escucha una nueva convocatoria: acompañar a familiares de otra víctima de violencia de género el próximo 5 de junio, a las 18 en la Fiscalía para reclamar justicia. La manifestación comienza a desconcentrarse, el reclamo permanece. Once años después del primer Ni Una Menos, las calles siguen siendo el lugar donde miles de mujeres encuentran una forma de transformar la impotencia en organización colectiva.

 

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