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En este artículo, el abogado y docente Adrián Buffone analiza sin eufemismos por qué la tecnología, el Legal Project Management y las Legal Operations redefinieron la profesión. Y lanza una advertencia clara: o cambias, o te conviertes en museo profesional.

Miércoles, 11 de febrero de 2026

Por Adrián Buffone*

Si el Derecho fuera un tango, hasta hace poco era uno de esos en que el dueño del Estudio dicta, un asociado corre y la tecnología mira desde la barrera. Pero 2026 llegó y dejó al mercado legal parado frente a un espejo que no miente: o cambias, o te conviertes en museo profesional.

Este es un repaso serio, verificable y sin eufemismos sobre cómo se transformó la abogacía global y qué rol debe asumir quien aspire a sobrevivir —y no sólo vivir— en el nuevo ecosistema jurídico.

Adiós a la pirámide: entra el “cilindro jurídico”

La clásica estructura de los grandes estudios —un montón de asociados ocupados en tareas repetitivas y unos pocos socios arriba— se está convirtiendo en otra cosa. Un reciente reporte señala que el modelo “pirámide” está dando paso a un perfil más plano, donde el peso recae en profesionales senior que usan IA para tareas que antes eran maní-y-maravillas para los juniors.

 Tecnología legal: ya no es “gadget”, es infraestructura

La evidencia de adopción tecnológica en derecho es sólida:

La IA dejó de ser ese asistente torpe que todos elogiaban en reuniones para convertirse en el colega que acierta más veces y cobra menos café. El único problema: no paga impuestos ni se anota horas facturables.

El cliente ya no viene con cara de póker

El cliente 2026 no llega con la paciencia de un santo ni con la ignorancia de antaño. Los líderes legales coinciden en que ahora la expectativa es de precisión, velocidad y transparencia de costos. Meterle horas a la cosa sin respuesta estratégica ya no pasa desapercibido y puede costar clientes o reputación profesional.

Es como si en vez de pedirte que arregles un contrato, el cliente te entregue la agenda con IA y te diga: “Vos ahora decime qué es lo que realmente importa”. El drama no es menor: el abogado ya no opina desde el ejercicio repetitivo, sino desde la interpretación con sentido de negocio jurídico.

Legal Project Management: la materia que ya no es extra

Si hay algo que denota evolución profesional es la llegada del Legal Project Management (LPM):

Estos enfoques ya están indicando que gestionar un asunto judicial o contractual como un proyecto bien armado puede marcar la diferencia entre honorarios dignos y cafés mal pagados.

Antes, el “project management” habitaba en PowerPoint de consultoras. Hoy, en un estudio jurídico, es casi tan esencial como saber escribir un contrato que no parezca redactado por un escribano de 1925.

 Legal Operations: la guerrilla silenciosa

Más allá de la tecnología y LPM, Legal Operations emerge como un área estratégica que vincula tecnología, procesos, medición y resultados de negocio jurídicos. En 2026, según expertos, la IA potenciará funciones como previsión de costos, análisis de datos de asuntos y revisión automática de facturas, además de liberar a los abogados para pensar, no solo hacer.

El que todavía piensa que legal ops es “un departamento de secretaria con título elegante” corre el riesgo de terminar siendo el último en enterarse de que el cliente ya firmó con otro despacho mientras cargabas PDFs una vez más.

La consultora Lidia Zommer —referente en comunicación y desarrollo de negocio legal— subraya algo que muchos evitan: el marketing jurídico dejó de ser decoración y pasó a ser estrategia de supervivencia.

Según sus reflexiones, no basta con “haber leído sobre IA”: hay que integrar la tecnología con la marca, la propuesta de valor y el posicionamiento del despacho. Esta visión no es trivial: implica llevar al abogado más allá de su zona de confort retro y obligarlo a pensar como empresario del servicio jurídico.

Si antes bastaba con peinarse decente y tener una placa en la pared, ahora también hay que saber comunicar por qué tu despacho es distinto… y hacer que el cliente lo entienda antes de que lo busque por Google.

No todo es tecnología: la ética y formación siguen siendo cimiento

A pesar de los avances tecnológicos, la comunidad jurídica reconoce desafíos éticos y de precisión: en muchos casos los abogados usan IA de forma experimental, y las firmas más grandes toman decisiones lentas por preocupaciones de ética y seguridad.

Esto nos recuerda que la tecnología no reemplaza juicio jurídico, pero sí potencia —cuando se usa con criterio— la capacidad de resolver problemas complejos con menos ruido y más claridad.

La IA puede redactar un contrato en segundos; lo difícil es explicar por qué ese contrato protege mejor al cliente que el de tu competidor. Y eso no lo hace ningún algoritmo, por más sofisticado que sea.

El abogado del 2026 no es (casi nunca) el escritor de papeles repetitivos. Es el arquitecto de soluciones jurídicas estratégicas, el que entiende tecnología sin maravillarse ingenuamente, y el que integra comunicación, gestión y estrategia para generar real valor para el cliente.

Si todavía añoras el viejo modelo, quizá sea hora de renovar vocabulario: no hablamos de abogados “que hacen cosas” sino de abogados que orquestan resultados. Y en ese concierto, la IA es una de las mejores cuerdas —cuando se sabe tocar—, pero jamás el director de orquesta.

 

*Abogado, Profesor de Derecho Constitucional UNNE y UCP, Profesor de Práctica Profesional Supervisada UCP y Director de Buffone & Abogados.


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