A partir del caso “Barbi”, la presidenta de la Fundación Furia Travesti, Ursula Sabarece, reflexiona sobre el tratamiento mediático dado a casos que involucran a personas de identidad trans en conflicto con la ley penal.
Miércoles, 17 de diciembre de 2025

Por Ursula Sabarece*
A veces, el silencio se vuelve cómplice, y hoy decido romperlo. No porque pretenda justificar actos fuera de la ley —no acompaño ni defiendo hechos delictivos, vengan de quien vengan— sino porque me urge señalar la espectacularización del odio y la doble vara con la que se mide la peligrosidad en nuestra sociedad.
Desde que se conoció la fuga del complejo penitenciario N°1, los medios no han tardado en titular con palabras como “peligrosa”. Resulta curioso, por no decir hipócrita, cómo se ensañan con una identidad trans cuyos delitos conocidos son contra la propiedad, robo de joyas, etc etc, mientras que a menudo se protege o se “suaviza” la imagen de varones que han cometido crímenes atroces, abusos y femicidios.
¿A quién decidimos llamar peligrosa y a quién decidimos cuidar? La saña mediática parece estar directamente proporcional a qué tan lejos está la persona del estándar de privilegio.
La pregunta que nadie hace: ¿Qué opciones hubo?
Es muy fácil señalar con el dedo desde la comodidad de una oficina o un estudio de televisión. Pero, ¿quién se preguntó qué oportunidades tuvo “La Barby”?
¿Cuántos de los que hoy la juzgan han generado alguna vez un puesto de trabajo para una persona travesti-trans?
¿Cuántos de esos medios hablan de la Ley de Cupo Laboral Trans con la misma insistencia con la que cubren una fuga?
Nadie nace eligiendo el delito; muchas veces es el resultado de un sistema que te expulsa de la educación, de la salud y del mercado laboral, empujándote a redes de supervivencia donde la marginalidad es la única opción.
Llama la atención que el foco esté puesto en el morbo y no en el análisis institucional. Nadie parece estar cuestionando las fallas del organismo penitenciario o exigiendo comunicados oficiales serios.
Más aún, me pregunto: ¿esos periodistas que hoy señalan con tanta moralina se preocupan por la precarización de sus propios compañeros? ¿O solo importa el éxito individual mientras se ignora que el sistema nos está asfixiando a todos, pero especialmente a quienes ya están en los márgenes?
Criminalizar a un sector no nos hace una sociedad más segura; nos hace una sociedad más violenta y ciega. Mientras sigamos instalando el odio en lugar de debatir sobre empleo, inclusión y derechos humanos, las cárceles seguirán siendo el depósito de quienes no tuvieron la suerte de ser “aceptables” para el sistema.
Menos dedos acusadores y más políticas de dignidad. Esa es la única justicia real.
* Presidenta de Fundación Furia Travesti