En la audiencia de este jueves, las partes acusadoras y las defensas expusieron sus alegatos de clausura. Tanto el Ministerio Público Fiscal como las querellas solicitaron que se declare culpables a los siete imputados. Las defensas pidieron veredictos de no culpabilidad, excepto en el caso de Marcela Acuña, cuya abogada solicitó que se la considere autora de “encubrimiento agravado”, lo que implicaría su inmediata libertad por la excusa absolutoria. Este viernes el jurado recibirá las instrucciones finales y luego comenzará a deliberar.
Jueves, 13 de noviembre de 2025

Se acerca el final de uno de los casos más trascendentes de la historia judicial del Chaco. En la decimotercera audiencia del juicio por jurados por el femicidio de Cecilia Strzyzowski, las partes presentaron sus alegatos de clausura. Tanto el Ministerio Público Fiscal como las querellas solicitaron que se declare culpables a los siete imputados.
Las defensas, en cambio, pidieron veredictos de no culpabilidad, con la excepción de Marcela Acuña, cuya abogada solicitó que se la considere autora de “encubrimiento agravado”, lo que implicaría su inmediata libertad por la excusa absolutoria. Este viernes, el jurado recibirá las instrucciones finales de la jueza técnica y luego comenzará a deliberar para emitir un veredicto.
El primero en tomar la palabra fue el fiscal Juan Martín Bogado, quien relató ante el jurado una secuencia de hechos apoyada en mensajes, pericias y testimonios. Sostuvo que Cecilia fue víctima de una trama planificada por su pareja, César Sena, y sus padres, Emerenciano Sena y Marcela Acuña, quienes —según dijo— idearon el crimen y su posterior encubrimiento.
Comenzó mostrando mensajes de Marcela Acuña en los que reconocía que no le había contado a Emerenciano sobre el casamiento y posterior divorcio de César. “Eme no la quiere”, escribió Acuña. En otro intercambio, Cecilia le decía a César: “Ayer me di cuenta hablando con ella que ella mataría por vos. Y en la desesperación, porque piensa que vas a hacer las mismas cagadas que ella, se pone a la defensiva”.
“Todo el tiempo era Marcela Acuña en la vida de César y Cecilia”, señaló el fiscal, recordando el testimonio de familiares y la psicóloga de la joven sobre el rechazo constante de la familia Sena hacia ella.
Pese a haberse divorciado, César se fue a vivir con Mercedes Valois, la tía abuela de Cecilia, e iniciaron el emprendimiento “Gato Negro”, ubicado en Irigoyen 460, en el macro centro de Resistencia. Según relató la abuela, el café funcionaba bien hasta que “le dijeron que ya estaban en condiciones de lavar dinero”. Según el fiscal, Cecilia se negó rotundamente. “No quería ser piquetera, quería sacar a César de ese contexto, quería otra vida”, remarcó Bogado. “Le dijo que no iba a aceptar que laven dinero ahí. Y eso le salió caro”, señaló.
Violencia y el falso viaje
Tras esa discusión, el vínculo se volvió cada vez más violento, describió Bogado. Recordó que el 3 de mayo de 2023, César agredió físicamente a Cecilia: “Le hizo una guillotina en una discusión. Cecilia le dijo a un amigo: ‘Hoy tuve miedo porque vi mi vida delante de mis ojos’”.

A partir de ese momento, comenzó —según el fiscal— la gestación de una coartada: el supuesto viaje al sur. Un viaje que nunca existió. Cecilia les contó a su madre y a su tía abuela sobre una propuesta de su suegra para viajar al sur con “el enano”, como una oportunidad de trabajo y estudio. “Ella quería salir de ese entorno, volar lejos”, recordó el fiscal. Las búsquedas en Google del 1 y 2 de junio —sobre chocolaterías y restaurantes en Buenos Aires— muestran que Cecilia estaba convencida de que viajaba.
La noche del crimen
Las cámaras de seguridad fueron determinantes. El fiscal mostró la secuencia completa: El 1 de junio, pasadas las 23, Cecilia salió de la casa de su abuela. César fue a buscarla. “Rezá por mí porque creo que el avión va a caer y yo voy a morir”, le dijo Cecilia a su tía abuela al despedirse.
Luego, fueron al café “Gato Negro” y más tarde a la casa de Santa María de Oro 1460. Estuvieron cerca de una hora afuera y después fueron al motel “Ruta 99”, donde permanecieron hasta las 8 de la mañana. Al regresar, a las 9:14 del 2 de junio, ingresaron a la casa. “En una de esas habitaciones la mató. Cecilia se defendió. Ustedes vieron los rasguños, las marcas en el brazo”, describió el fiscal.
El encubrimiento
“Después de matarla, comenzó la segunda parte del plan: borrar todo rastro”, dijo el fiscal. A las 13, Emerenciano escribió a Gustavo Obregón: “Me pica que está teniendo un drama por ahí. Ocupate de él, pero que quede entre vos y yo nomás”. También le dejó dinero en la casa, lo que —según la fiscalía— era parte del operativo.
Acuña, por su parte, se comunicó con Fabiana González y le dijo: “Obregón va a cuidar a César. Ojalá que lo cuide”. “¿De qué lo tenía que cuidar?”, se preguntó el fiscal.
Roxana Ferreyra, la empleada que planchaba ropa, llegó a la casa a las 16. Dijo que encontró a Marcela “rara” y que a la media hora le pidieron que se fuera. Según el fiscal, fue la única persona que no sabía que había un cuerpo en una de las habitaciones.
Ferreyra escuchó a Obregón hablar por teléfono: “Hola, má”, le dijo a Fabiana González. Cuando ella preguntó “¿Qué pasó?”, él respondió: “Lo mismo de siempre”.
“Lo mismo de siempre —repitió el fiscal—, como cuando César contaba que ‘cuando querían hacer desaparecer a alguien, le inventaban un viajecito y terminaba en la chanchería’. ¿Dónde terminó Cecilia? En la chanchería”, infirió Bogado.
El traslado y la quema
El día del crimen, Acuña le escribió a Fabiana González: “Fabi, tenemos hasta las 19.30 para sacar eso de la casa. Estoy desesperada”. Y agregó: “Más de media hora lo puedo controlar a Eme (por Emerenciano), si no carguen la basura donde sea”. “La basura era Cecilia”, dijo el fiscal.
Según la acusación, César y Obregón cargaron el cuerpo en la camioneta y lo llevaron hasta el campo Rossi, donde lo quemaron. Las antenas telefónicas captaron las señales de los teléfonos de los tres: César, Obregón y Cecilia.
Más tarde, Obregón llamó al casero del campo Rossi, Gustavo Melgarejo. Si bien la defensa de Melgarejo señaló que no se conoce el contenido de esa llamada, y que se infiere que pudo haber sido el contestador, Bogado aseguró que en ese breve tiempo se pudo haber dado la orden para continuar con el fuego. “Controlen el fuego que no se apague”, dijo Bogado. “Era imposible no ver el resplandor del fuego esa noche”, abundó, apoyándose en testimonios de vecinos y bomberos.
Borrado de pruebas y confesiones
Luego de la quema, Obregón y César fueron a cenar a Barranqueras en el marco de una actividad política. “Comieron un guiso después de quemar un cuerpo”, remarcó el fiscal.
El 4 de junio, César bajó las valijas de Cecilia en la casa. Dos días después, fue con su madre a Musimundo a comprar otro teléfono. “¿Vieron a una madre desesperada intentando proteger a su hijo?”, preguntó el fiscal al jurado.
Las búsquedas en YouTube de César fueron, según la acusación, reveladoras: “Un asesino siente remordimiento”, “Qué pasa con las almas de un familiar cuando muere”.
Ese mismo 6 de junio, Fabiana González y Obregón trasladaron la cama y el colchón con sangre de Cecilia. Las pericias con luminol confirmaron la presencia de sangre humana: “Los análisis de ADN determinaron que pertenecía a Cecilia Strzyzowski”, detalló el fiscal.
También se halló en la casa de los Sena su billetera, sus tarjetas y, posteriormente, entre los restos quemados de la valija de Cecilia encontrados en el barrio Emerenciano Sena, los anillos que Gloria Romero y Mercedes Valois reconocieron como suyos.
“No es política, es femicidio”
El fiscal recordó las declaraciones públicas de Marcela Acuña cuando Cecilia era buscada como desaparecida, momento en que dijo que todo era “una cuestión política” y que Cecilia “iba a aparecer con vida”. “Aquí en el juicio dijo que mintió (en esa ocasión). ¿Por qué creerle ahora?”, cuestionó Bogado. “Eso no es política, eso es femicidio”, afirmó.
Concluyó señalando que todos los restos óseos hallados pertenecen a una sola persona: “Esa persona tiene nombre y apellido: Cecilia Strzyzowski”.
Finalmente, pidió al jurado el veredicto de culpabilidad para César Sena, como autor de homicidio doblemente agravado; para Emerenciano Sena y Marcela Acuña, como partícipes primarios; y para Fabiana González, José Gustavo Obregón, Gustavo Melgarejo y Griselda Reinoso, por encubrimiento agravado.
“Gloria y Mercedes pidieron justicia. Y hoy —cerró el fiscal— pido el veredicto de culpabilidad para todos los imputados”, concluyó.
“La verdad no se quema”
El representante de la querella particular, Gustavo Briend —en nombre de Gloria Romero, madre de la víctima— pidió al jurado la culpabilidad de todos los imputados.

Briend inició su exposición recordando el lema que acompañó a la querella desde el inicio del proceso: “La verdad no se quema”. “No hubo un solo día de audiencia en que no se hablara del fuego. Hablamos de fogatas, de huesos quemados, de restos calcinados. Y sin embargo, la verdad, esa verdad, no se quema”, expresó.
El letrado describió a Cecilia como “una joven chaqueña de 28 años, emprendedora, con ganas de vivir y de salir adelante”, y señaló que “tuvo la mala suerte de enamorarse de la persona equivocada”.
Uno de los pasajes más recordados del alegato fue cuando el abogado evocó las palabras de la propia víctima: “Cecilia no quería ser piquetera, no quería usar la remera del Che Guevara y quería salir de ese mundo en el que estaba inmersa. Por eso se convirtió en un escollo para la familia Sena”, dijo.
Briend repasó los testimonios y pruebas, entre ellas los informes periciales sobre los restos hallados en el campo Rossi. “La antropóloga forense habló de una pira funeraria. Dijo que fueron necesarias al menos tres horas de fuego intenso para lograr la fragmentación de los huesos. Ese fue el grado de impunidad que buscaron”, remarcó.
Durante su exposición, el abogado también cuestionó las declaraciones de los principales imputados. “Emerenciano Sena se mostró con memoria prodigiosa para hablar de su vida, pero tuvo una laguna mental justo al referirse al hecho. Marcela Acuña se presentó como una madre sufriente, pero no como una madre que planeó un crimen. No dijeron la verdad”, afirmó.
Antes de concluir, Briend dirigió un mensaje directo al jurado: “Cecilia no está acá para defenderse, pero su cuerpo habló. Habló en la casa de Santa María de Oro, habló en el campo Rossi, habló en el barrio Emerenciano. Nos pidió justicia”.
El representante de Gloria Romero cerró su intervención compartiendo la solicitud de la fiscalía. “Desde la familia digo que esperamos justicia”, concluyó.
“Organización criminal”
Por su parte, Juan Ignacio Díaz, representante de la Subsecretaría de Género y Diversidad del Chaco, presentó el alegato de la querella institucional. También solicitó que el jurado declare culpables a los siete acusados.
“Cuando comenzamos este juicio, dijimos que Cecilia iba a hablar a través de las pruebas. Y habló. Hoy nos grita, aún asesinada, que este hecho no puede quedar impune”, expresó Díaz.
El representante reconstruyó paso a paso el itinerario de Cecilia durante los días previos al 2 de junio de 2023. “Se le prometió un viaje y una propuesta de trabajo en Ushuaia. Ella lo creyó. Su (tía) abuela Mercedes (Valois) le prestó la valija y la vio salir con César Sena esa noche. Fue la última vez que alguien la vio con vida”, señaló.
Díaz explicó que las pruebas fílmicas y testimoniales acreditaron que Cecilia ingresó junto a César Sena a la vivienda de la familia y nunca volvió a salir. Según el alegato, el femicidio ocurrió entre las 10:07 y las 10:46 de la mañana del 2 de junio. “César pudo haberla matado en otro lugar, pero eligieron la casa familiar. Ese fue el inicio de la impunidad”, sostuvo.

El abogado describió la estructura del hecho como un plan de tres fases: la ejecución, el encubrimiento y la desaparición del cuerpo.
Díaz resaltó que el fuego alcanzó temperaturas cercanas a los 800 grados. “No quedaron restos identificables, solo cenizas. Y esas cenizas son de Cecilia”, dijo.
En otro pasaje, cuestionó las declaraciones de los imputados: “No hicimos preguntas a los imputados porque nos iban a volver a mentir”.
Díaz también se refirió al contexto de poder: “Emerenciano era el líder, el que decidía todo. Nada se hacía sin su voto afirmativo. Manejaban una organización que actuaba con total impunidad”, señaló.
Al finalizar, pidió al jurado que use “el sentido común y la lógica”. “Cecilia creyó en el amor, en un futuro, en un viaje que nunca existió. Fue engañada, manipulada y asesinada por una organización criminal. Hoy, incluso asesinada, sigue esperando justicia. Esa justicia la tienen que dar ustedes”, concluyó.
“El muñeco de nieve”
Las exposiciones de las defensas comenzaron con el alegato del abogado Ricardo Osuna, representante de Emerenciano Sena. El letrado solicitó un veredicto de no culpabilidad.
“¿Qué hay contra Emerenciano?”, se preguntó al comenzar. “La fiscalía habló de este plan criminal, las querellas hablaron de una especie de organización criminal. Y nada de eso se probó”, afirmó.
El abogado recurrió a imágenes simbólicas: “Para utilizar una metáfora, yo no voy a hablar de este rompecabezas porque entiendo que nunca se terminó de armar. Le faltaron piezas, y creo que le faltaron las piezas más importantes”.
Osuna insistió en que el caso fue construido sobre una narrativa sin sustento: “Lo que le quisieron mostrar acá, y eso lo venimos sufriendo desde que empezó esta causa, fue un muñeco de nieve. ¿Ustedes vieron nieve en el Chaco? No. De esa manera intentaron armar este muñeco de nieve que nunca existió”.
A su vez, criticó la presentación inicial de la fiscalía: “La fiscalía quiso empezar mostrándoles un título sensacionalista diciendo que la mataron, la quemaron y quisieron salir impunes. ¿De esas tres palabras, qué pudieron demostrar en esta audiencia? Hasta el día de hoy, absolutamente nada”.
Osuna cuestionó punto por punto las pruebas exhibidas por la acusación, afirmando que en el expediente “van a encontrar una bolsa vacía” de pruebas de cargo.

Sostuvo que no existe evidencia concreta que vincule a Emerenciano con la planificación y ejecución del crimen, y criticó irregularidades y omisiones en la investigación.
“Una madre desesperada”
A continuación, la defensora oficial, Celeste Ojeda —representante de Marcela Acuña— pidió al jurado un veredicto de “encubrimiento agravado” para su defendida y no por participación necesaria de un homicidio.
Durante su alegato, Ojeda leyó un mensaje que, según afirmó, muestra la desesperación de Acuña: “Fabi, creo que sucedió algo grave con César, hablá con Gustavo, no le digas a Eme ni a César. Estoy desesperada”, escribió Marcela a Fabiana González a las 16.51 del 2 de junio.
La defensora destacó que los acusadores ubicaron la muerte de Cecilia entre las 10 y las 10.47 de esa mañana. “Pasaron seis horas hasta que Marcela envió ese mensaje. Seis horas hasta que se da cuenta de que algo grave había sucedido en su casa”, señaló.
Ojeda aseguró haber acreditado con pruebas los hechos que reconstruyó. “Nos dijeron que veníamos a confundir, pero trajimos pruebas de la propia fiscalía. Con ellas pudimos demostrar lo que realmente ocurrió ese 2 de junio”, afirmó.

La defensora cuestionó la hipótesis acusatoria según la cual Acuña y Sena se habrían ausentado de su casa para dejar espacio a su hijo para cometer el homicidio. “A las 7.15 Emerenciano salió de su domicilio, pero la casa no quedó sola. Marcela estaba adentro y, a las 8.30, llegaron dos personas en moto: Fabiana y Diana. Si esas dos personas estaban ahí, se cae la idea del plan, porque la casa no estaba vacía”, sostuvo.
“Un plan criminal sin llave”
Ojeda también se refirió a las cámaras de seguridad. “Dos minutos después de que se va Emerenciano, llegan César y Cecilia. El video muestra que César queda al costado esperando que le abran. ¿Por qué? Porque no tenían llave. ¡Qué gran equivocación de un plan criminal: armarlo y no darle la llave! Tuvieron que esperar dos minutos para entrar”, ironizó.
De acuerdo con el relato de la defensora, Marcela notó a César “raro” y con un rasguño, y él le dijo que había tenido una pelea con su pareja. “Ella contó entre lágrimas que no lo escuchó, que siguió trabajando y que se arrepiente hasta hoy de no haberlo hecho”, recordó.
“El hecho es que no hablaron en ese momento. César volvió a la casa, y más tarde, a las 12.16, regresaron sus padres. Hoy la fiscalía dice que en ese momento comenzó la segunda parte del plan. ¿Qué segunda parte? ¿De dónde la sacan? Desde la defensa demostramos que Marcela Acuña no sabía lo que le pasaba a su hijo y que intentó averiguar de muchas maneras”, señaló.
La defensora cerró su alegato señalando que Marcela Acuña no organizó crimen alguno, actuó “por el reflejo de una madre desesperada que lo que buscaba era proteger a su hijo” y pidió que se le aplique la calificación de encubrimiento agravado. El Código Penal establece en su artículo 277 que para este tipo de delitos rige la excusa absolutoria en caso de familiares directos y, por lo tanto, Acuña debería ser puesta en libertad.
“Miembros del jurado: les voy a pedir que al momento de dar el veredicto diferencien que no es lo mismo organizar un plan para dar muerte a alguien que no tener idea de lo que sucedió, enterarse después, y a partir de ahí, seis horas más tarde, hacer todo para ocultarlo”, concluyó.
“Muchas suposiciones”
La defensora Gabriela Tomljenovic solicitó la absolución de César Sena, argumentando que no habría pruebas concluyentes.
La letrada sostuvo que la acusación se basó “en muchas suposiciones y muy pocas certezas”, y criticó que el rompecabezas expuesto por el Ministerio Público “no quedó completamente terminado”.
Tomljenovic cuestionó especialmente el tratamiento de la violencia de género dentro de la causa, señalando que no existía un patrón de agresiones continuado. También remarcó que el análisis de antenas “solo ubica dispositivos y no personas”. La abogada sembró dudas sobre los allanamientos y la cadena de custodia, y objetó las imágenes aportadas sobre los vehículos.

Otro tramo del alegato estuvo centrado en la declaración de la forense Anahí Ginarte, sobre la cual Tomljenovic sostuvo que “no pudo comprobar ni siquiera el sexo” de los restos analizados. Según la defensa, no existen tres certezas indispensables: que ocurrió una muerte, que la persona fallecida sea Cecilia y que César Sena haya sido el autor. “Decir ‘no culpable’ no es negar que el hecho existió, sino que significa que la Fiscalía no pudo comprobar que él lo haya hecho”, concluyó.
“Hay que tener certezas para condenar”
Por su parte, Elena Puente pidió la absolución de Fabiana González y Gustavo Obregón. “Para condenar hay que tener certezas, no suposiciones”, dijo. “No se ha probado que ni Fabiana ni Gustavo hayan participado de ningún plan. No existe una sola evidencia que los incrimine”.
Puente comenzó por Fabiana González. “No hay un solo video, un solo testigo, una sola foto que la muestre limpiando o trasladando objetos. Nada”, sostuvo.
También cuestionó el supuesto traslado de muebles: “Si abrir la puerta para que otro retire cosas es un delito, estamos mal”, afirmó.
Luego se centró en Gustavo Obregón. La abogada subrayó que Obregón no declaró en el juicio, y aun así —dijo— “le hicieron hablar por boca de otros”, especialmente a través de interpretaciones del bombero Esquivel.
También destacó contradicciones en los testimonios sobre Campo Rossi y insistió en que hubo fallas graves en los allanamientos.
Gratitud, vínculo y humanidad
Puente planteó que el vínculo emocional de sus defendidos con la familia Sena no puede interpretarse como delito, sino como actos que la ley excusa “cuando se trata de vínculos afectivos profundos”. “No hubo plan. No hubo coordinación. No hubo delito”: el cierre del alegato.

Al finalizar, Puente pidió al jurado que analice los hechos y no las interpretaciones. “No probaron el plan. No probaron la participación. No probaron el encubrimiento. No probaron nada”, afirmó.
“Mis defendidos son inocentes. No participaron en ningún plan, no cometieron ningún delito. Les pido un veredicto de no culpabilidad para ambos”, concluyó.
“Melgarejo tenía que estar acá como testigo”
Los defensores Mónica Sánchez y Lucas Santa Cruz solicitaron la absolución de Gustavo Melgarejo, argumentando que no hay pruebas que permitan sostener que su defendido haya intervenido en la presunta quema.
Sánchez volvió a destacar los aportes del licenciado en criminalística Daniel Bled, quien participó de los allanamientos sin encontrar evidencias clave. La defensa también retomó el punto clave de las distancias: 250 metros entre la casa y la zona de quemazón, con árboles que obstruían la visión.
La abogada insistió en que la acusación intentó sobredimensionar la supuesta visibilidad del fuego. El análisis del teléfono celular del imputado fue otro eje central. Sánchez recordó que no se analizó su contenido y que no se halló ningún mensaje que vincule a Melgarejo con las comunicaciones de la familia Sena.

Finalmente, Sánchez centró su cierre en el estado físico y anímico de su defendido, señalando que no tenía vínculo de confianza con los Sena que permita atribuirle tareas de ocultamiento. “Melgarejo tenía que estar acá como testigo y no como imputado”, cerró.
“No tiene capacidad física”
Cerró la ronda de alegatos finales la defensora Ojeda, en representación de Griselda Reinoso. Ojeda destacó que una foto peritada confirmó que Reinoso estuvo toda la tarde y noche en la casa de la familia Ríos.
La defensora cuestionó la interpretación de la llamada de cuatro segundos entre Obregón y Melgarejo. Recordó que el perito Facundo Toledo sostuvo que “no se pudo acreditar contenido, interlocutor ni si fue atendida”.
Otro tramo del alegato apuntó a las falencias en los procedimientos realizados en el campo Rossi. La defensora retomó también las mediciones que establecieron que una “muralla verde” impedía cualquier visibilidad entre la casa y la zona de quemazón.
Finalmente, Ojeda enfatizó que los allanamientos no hallaron ningún elemento asociado a fuego o combustibles. Señaló que Reinoso “no tenía capacidad física para sostener un fuego de esa magnitud sin presentar lesiones”. Cerró afirmando: “Hemos demostrado que Griselda Reinoso es inocente”, y pidió un veredicto de no culpabilidad.
Instrucciones finales
Este viernes la audiencia continuará con la lectura de instrucciones finales por parte de la jueza técnica, Dolly Fernández. La magistrada brindará al jurado una sinopsis de los hechos, las figuras penales en discusión y las posibles opciones de veredicto para cada acusado.
Concluida esta instancia, el jurado popular pasará a deliberar. Según la normativa vigente, el período de deliberación debe durar al menos dos horas y el veredicto deberá adoptarse por unanimidad.
Con información de Chaco Día por Día, Radio Libertad y Noticiero 9