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En una jornada atípica, cinco de los siete imputados por el femicidio de Cecilia Strzyzowski decidieron hablar ante el jurado popular. Todos se declararon inocentes. Marcela Acuña admitió haber mentido para proteger a su hijo y pidió que perdón por el daño que causó “a mucha gente inocente”. Mientras tanto, César Sena y Gustavo Obregón optaron por guardar silencio. Este jueves será el turno de los alegatos finales y el viernes se conocería el veredicto.

Miércoles, 12 de noviembre de 2025

Un jornada intensa y atípica fue la que se vivió este miércoles en el marco del juicio por jurados por el femicidio de Cecilia Strzyzowski. El condimento principal fue la declaración de cinco de los siete imputados en la causa: Emerenciano Sena, Fabiana González, Griselda Reinoso, Gustavo Melgarejo y Marcela Acuña.

Todos ellos coincidieron en declararse inocentes. Menos Acuña, el resto pidió que el responsable del crimen pague por lo que hizo. César Sena, imputado como autor del femicidio de su pareja y Gustavo Obregón, acusado de encubrimiento agravado, prefirieron guardar silencio. Las querellas y el Ministerio Público Fiscal coincidieron en la estrategia de no hacer preguntas a los imputados que decidieron hablar.

Previo a la declaración de los imputados pasaron por el estrado los dos últimos testigos ofrecidos por la defensa: el policía José Díaz y el perito Rubén Garat. El juicio continuará este jueves con los alegatos finales en los que las partes repasarán sus teorías del caso y expresarán al jurado qué tipo de veredicto consideran que deben arribar. En tanto que el viernes la jueza Dolly Fernández dará las instrucciones finales al jurado, quienes posteriormente harán su deliberación para luego brindaría un veredicto.

“Que se haga cargo”

El primero de los imputados en declarar fue Emerenciano Sena. De chomba celeste clara, el exlíder piquetero habló durante 40 minutos. Su esposa, también imputada como partícipe necesaria, Marcela Acuña, lo miró fijamente, visiblemente emocionada, durante toda su declaración. En cambio, César, su hijo, mantuvo en casi todo momento una mirada esquiva hacia su padre: sólo fugazmente hizo contacto visual, para rápidamente volver a escribir en una pequeña libreta o simplemente agachar la cabeza.

Durante su exposición, Sena intentó mostrarse ante el jurado como una persona trabajadora, que nació en un lugar pobre y roto, con un padre golpeador y una madre que tuvo que escapar de esa situación de violencia y criar en soledad a sus hijos. Dejó en claro, además, que el día en que se cometió el femicidio de Cecilia, él se fue a trabajar, como lo hacía todos los días. Y que no se enteró de nada. De todos modos, dio a entender que de haber sabido algo, hubiera entregado al responsable, sin miramientos.

Por otra parte, remarcó que, de darse una condena en contra, que lo llevaría a atravesar una pena de prisión perpetua, será por una cuestión política vinculada a su lucha social, que lo llevó a la construcción de un barrio en la zona sur de Resistencia.

También se refirió a la actuación del exfiscal de la causa, hoy ministro de Gobierno, Jorge “Pato” Gómez. Aseguró que, en una charla en su despacho, mientras aún estaba a cargo del expediente, le reconoció que no tenía nada en su contra y que en pocos días debería salir en libertad. Algo que finalmente no ocurrió.

En su relato, Sena repasó su historia personal, sus años de militancia social y su trabajo como albañil desde los 13 años. Dijo haber dedicado su vida a “dignificar al pobre” y a promover el rol de las mujeres en la construcción.

“He visto mujeres manejar camiones, minicargadoras, hacer instalaciones eléctricas y trabajar en altura sin accidentes. Eso fue un logro colectivo. Nadie nos regaló nada”, señaló.

Sobre su rol en el caso, insistió: “Yo ese día hice mi rutina, como siempre. No cometí ningún delito. Mi camioneta estaba ahí, entregué mi celular. No sabía nada. Y si hubiera sabido, lo habría denunciado”.

“Yo lo único que le digo es que yo no hice nada. Y que no me investigaron ni para atrás. ¿Qué hacía yo los días anteriores? ¿A quiénes les llamé? ¿O a quiénes les mandé mensajes? No, yo no les mensaje a nadie, ni antes, ni durante, ni después, porque no sabía nada”, señaló.

Subrayó que su detención e implicancia en la causa responde a motivos políticos. “El primer fiscal (Jorge Gómez) me dijo que no había nada en mi contra, que al otro día iba a mi casa. Pero después cambiaron las cosas y pasé a ser el asesino más grande del mundo. No entiendo por qué. Si me condenan, será por haber construido el barrio o por cortar alguna calle, pero no por algún crimen”.

En el tramo final de su declaración, mirando directamente al jurado, sostuvo que “el que cometió un delito que se haga cargo de su delito. Yo no tengo que ser aliado de nadie que comete delitos”.

“Estoy preso acusado de algo que no hice”, sostuvo y cerró: “Señores del jurado, lo único que les digo es que yo no hice nada. Que me midan con lavara que le dicte su conciencia, que Dios los bendiga a todos”.

“Marcela era como una mamá”

Fabiana González fue la segunda imputada en declarar. Ratificó ante el jurado su inocencia y sostuvo que su vínculo con los Sena se limitaba a tareas de confianza y colaboración cotidiana. Dijo que durante años trabajó en la casa de Acuña realizando gestiones administrativas, acompañando a otras empleadas y encargándose de abrir la vivienda para el personal que retiraba basura o donaciones.

“Siempre fui a la casa de Marcela, a la mañana, a la tarde, a la noche, porque era mi deber ir y abrirle al que iba a sacar la basura o a retirar donaciones”, explicó. “El día que me pidió donar la cama y el colchón, llamé a Alfredo Aguirre, que era quien siempre retiraba cosas para donar. Nunca vi que hubiera sangre ni nada raro, como dicen. Yo no alcé nada, él fue y se lo llevó”, aseguró.

La imputada remarcó que no participó en tareas de limpieza y que su relación con Acuña y Emerenciano Sena era de afecto y gratitud, ya que ambos la habían ayudado desde su adolescencia.

“Marcela era como mi mamá. Yo me crié en el movimiento desde los 15 años. Cuando falleció mi abuela, ellos me ayudaron a poder despedirla dignamente”, relató entre lágrimas. “Yo tuve una hija que tiene la edad de César. Ellos me enseñaron la vida. Por eso siempre les estuve agradecida”, agregó.

Durante su testimonio, González hizo referencia a las consecuencias que la detención tuvo sobre su familia y expresó un pedido de justicia: “Hace dos años y medio que me culpan por algo que no hice. Mi bebé tenía dos años y medio cuando me detuvieron, ahora tiene cinco. Quiero estar con mi hijo. Si hay un culpable, que lo pague”, manifestó.

La imputada concluyó destacando que nunca pensó atravesar una situación como la que vive desde 2023, cuando fue detenida junto a otros integrantes de la familia Sena. “Soy mamá y sé lo que siente la mamá de Cecilia. Nunca pensé vivir esta tormenta. Si hay un culpable, que lo pague”, cerró antes de dejar el estrado.

“Soy inocente”

En una declaración breve, Griselda Reinoso, expareja de Gustavo Melgarejo y cuidadora del campo de los Sena, reiteró su inocencia y negó cualquier participación en los hechos. Interrogada por su defensora oficial, Celeste Ojeda, relató que el 2 de junio de 2023, día en que se habría cometido el crimen, se encontraba en una cena con su pareja, su hija, su nieta y un vecino.

“Fuimos a una cena con un vecino. Preparábamos la comida, tomábamos cerveza y vino. No salí del lugar salvo para ir al kiosco dentro del mismo terreno”, declaró. Afirmó que permaneció en la casa del vecino hasta alrededor de la medianoche, cuando regresó a su vivienda, y que no vio fuego ni movimientos extraños en el campo. “No vi nada esa noche. Al otro día seguí con mis tareas de siempre”, dijo.

 

Consultada sobre su relación con los principales imputados, respondió que conocía a Marcela Acuña, Emerenciano Sena y Gustavo Obregón solo “de vista”, y que sus actividades en el campo eran domésticas. “Mis tareas eran de la casa nada más”, aclaró.

Reinoso explicó que tomó conocimiento de la causa el 11 de junio, cuando la policía la buscó en la casa de su padre. Relató que había hecho una exposición por violencia de género y que, al ser citada a declarar en fiscalía, quedó detenida tras prestar testimonio. “Fui a declarar, conté lo que sabía y quedé presa”, señaló.

La imputada recordó que, durante la investigación, fue llevada al campo junto a su hija y su nieta para retirar sus pertenencias, momento en el que quedó detenida. Dijo que no tuvo acceso a información del caso mientras estuvo en comisaría, donde estuvo alojada sola, sin televisión ni contacto externo.

En su testimonio también mencionó haber recibido amenazas dentro del sistema penitenciario, aunque no dio detalles sobre su origen. “Recibí amenazas por celular y después, cuando me trasladaron, también de algunas compañeras”, manifestó.

Antes de finalizar, Reinoso insistió en su inocencia y se desentendió de las acusaciones. “Soy inocente de todo lo que se me acusa. No tengo nada que ver con lo que pasó”, concluyó.

“Perdí a mi familia”

Gustavo Melgarejo, cuidador del campo de los Sena, imputado por encubrimiento agravado del femicidio de Cecilia, negó haber participado de la cremación del cuerpo de la joven y aseguró que, el día en que ocurrieron los hechos, se encontraba “comiendo un asado con un vecino”. La coartada coincide con la que manifestó su expareja, Grisela Reinoso.

Melgarejo relató que trabajaba hacía unos tres meses en el campo de los Sena, realizando tareas rurales. “Estoy acá por algo que no hice. Por esta causa perdí a mi familia, hace dos años y cinco meses que no puedo ver a mi hijo”, dijo al comenzar su declaración, visiblemente emocionado.

Contó que el 2 de junio de 2023, luego de finalizar su jornada laboral alrededor de las 15.30, fue con su entonces pareja a la casa de un vecino, donde compartieron un asado. “Están los videos, están las fotos de ese día. Escuchamos música, tomamos algo y tipo a las 12 de la noche nos fuimos al campo a descansar para seguir trabajando al otro día”, relató.

Consultado sobre si observó algo inusual en los días posteriores, dijo que solo notó un rastro de fuego en una zona del campo. “Me pareció raro. Le dije a mi expareja que, si venía Emerenciano, me iba a retar porque estaba prohibido quemar ramas o basura”, recordó.

Melgarejo también explicó que, durante el allanamiento policial en el campo, colaboró con las fuerzas de seguridad. “Les abrí el portón, les mostré dónde había sido la quemazón. Después de eso me detuvieron y sigo preso hasta hoy sin saber por qué”, señaló. “Lo único que quiero es que se haga cargo el que realmente hizo las cosas, no gente inocente como nosotros”, agregó.

El imputado afirmó además que no tenía contacto directo con la familia Sena. “Nunca tuve trato con ellos. El que me pagaba era Gustavo Obregón, él era quien me decía qué hacer. A Emerenciano solo lo saludaba cuando llegaba al campo”, precisó.

Sobre las visitas posteriores al incendio, mencionó que César Sena y Gustavo Obregón se presentaron en el lugar y le pidieron una pala “para juntar tierra para las plantas”. “Les indiqué dónde estaban las palas, las usaron y después las devolvieron. No vi nada más”, sostuvo.

En el cierre de su declaración, Melgarejo se quebró al hablar de su tiempo en prisión. “Pasé la mil y una. Me lastimaron por una causa en la que no tengo nada que ver. Perdí todo: mi familia, mi libertad y mi trabajo”, dijo, y concluyó pidiendo justicia: “Espero que pague quien realmente hizo las cosas”.

“Pido disculpas”

Marcela Acuña, imputada como partícipe necesaria del femicidio de su nuera, Cecilia Strzyzowski, fue quien cerró la ronda de declaraciones de los imputados. Vestida con una remera blanca y anteojos rojos, relató los hechos ocurridos el día del crimen y los días posteriores, admitiendo que en su afán de proteger a su hijo mintió y colaboró en encubrir lo sucedido.

“No vi un cuerpo, vi un bulto”, dijo ante el jurado al recordar lo que divisó en una de las habitaciones de su casa el 2 de junio de 2023, en horas de la tarde. Sostuvo que esa imagen la perturbó y que, al recordar las heridas de rasguños que había observado en el cuello de su hijo horas antes, pensó que algo grave había ocurrido. “Por eso salí espantada. En ese momento baja Emerenciano, me dice que deje de dar vueltas y salimos de la casa. Se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza”, relató. Explicó que esa confusión formó parte de un “bloqueo psicológico” que —según ella— utilizó como mecanismo de defensa frente a una situación traumática.

Acuña reconoció que mintió en su primera declaración pública en la Comisaría 3 de Resistencia, cuando aseguró haber visto salir a Cecilia con vida de su casa. “Mentí porque tenía miedo por César”, afirmó. También admitió haber pedido a Fabiana González que sostuviera la misma versión, con la esperanza de que su hijo “fuera quien contara la verdad” ante la policía.

Durante su exposición, negó haber planificado el crimen o mantenido mala relación con Cecilia. “¿Qué móvil podría tener con una chica que apenas conocía?”, se preguntó. Rechazó incluso que su hijo hubiera planeado cometer ese delito. “Si César hubiese planificado algo, no lo habría hecho en mi casa, donde siempre hay gente y hay una cámara de seguridad enfrente que pagamos todos los vecinos”, señaló. Además, desmintió haber ofrecido a la pareja una casa y trabajo en Ushuaia. “Hubiera sido más creíble que les proponga llevar agua a los aborígenes de El Impenetrable”, ironizó.

Respecto de su vínculo con Emerenciano Sena, reconoció que actualmente ya no son más pareja y que su intención siempre fue que él no se enterara de lo ocurrido. “A mí que me den perpetua, pero a Emerenciano que lo suelten, porque es una mochila que tengo”, expresó, con lágrimas en los ojos. Recordó además un diálogo entre ambos en prisión, cuando le pidió perdón y él le respondió: “Entre compañeros, cuando se quieren, no se pide perdón, se dice la verdad”.

Acuña también señaló que su hijo tenía problemas emocionales y que una psiquiatra le había advertido que se encontraba “en alerta roja”, pero admitió no haber prestado atención al aviso. La profesional, cabe aclarar, no fue citada a declarar en el juicio.

En otro tramo, desafió a las querellas y al Equipo Fiscal Especial a interrogarla, aunque estos desistieron. La jueza Dolly Fernández intervino para aclarar que la acusación no estaba obligada a formular preguntas. Aprovechó además para cuestionar la actuación de los fiscales Jorge Cáceres Olivera, Nelia Velázquez y el (ahora ministro de Gobierno) Jorge Gómez. Aclaró que sacaba de este grupo a Juan Martín Bogado, quien tomó la investigación cuando ya estaba avanzada.

En el cierre de su testimonio, Marcela Acuña pidió disculpas públicamente. “Pido disculpas por el daño que originé a mucha gente inocente”, manifestó, dirigiéndose a Gloria Romero, madre de Cecilia; a Fabiana González, a sus familiares, a las familias del barrio Emerenciano y sobre todo al exlíder piquetero.

“Esto que me pasó a mí le puede pasar a cualquier mamá. Pero cuando uno miente y encubre, más daño hace. A partir de ahora estoy más tranquila, sea cual sea el resultado. Les pido por mi hijo, les vuelvo a pedir por él”, concluyó dirigiéndose al jurado.

 

Con información de STJ y Chaco Día por Día

 

 


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