Compartir

En esta nota de opinión, el abogado y profesor universitario, Adrián Buffone, aborda el concepto de compliance y la necesidad de proyectarlo hacia el sector público. “La idea es simple: así como las empresas implementan programas para cumplir normas, prevenir riesgos y promover la ética organizacional, también los organismos estatales pueden –y deben– incorporar herramientas de integridad y transparencia”, señaló.

Sábado, 20 de septiembre de 2025

Por Adrián Buffone*

En los últimos años, el concepto de compliance ha dejado de estar confinado al ámbito empresarial para proyectarse hacia el sector público. La idea es simple: así como las empresas implementan programas para cumplir normas, prevenir riesgos y promover la ética organizacional, también los organismos estatales pueden –y deben– incorporar herramientas de integridad y transparencia.

El desafío no es menor. Se trata de transformar la gestión pública en un espacio en el que la legalidad, la ética y la responsabilidad sean valores cotidianos, institucionalizados en reglas y prácticas verificables. En otras palabras, el compliance en el sector público no es solo un mecanismo de control, sino un verdadero método de modernización y fortalecimiento institucional.

¿Qué son los Programas de Integridad?

Un programa de integridad es un conjunto de políticas, procedimientos y mecanismos orientados a prevenir irregularidades y garantizar que la organización cumpla con la normativa vigente, los estándares éticos y las mejores prácticas.

En el sector privado, estos programas fueron impulsados principalmente por la Ley 27.401 de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas, que introdujo la exigencia de contar con medidas de prevención frente a delitos de corrupción para poder contratar con el Estado.

Trasladados al ámbito estatal, los programas de integridad incluyen:

Beneficios de los Programas de Integridad en el sector público

La implementación de programas de integridad en organismos públicos trae múltiples beneficios: eficiencia administrativa: al estandarizar procesos y establecer controles, se reducen errores, duplicidades y costos innecesarios; confianza ciudadana: la transparencia en la gestión incrementa la credibilidad institucional;  atractivo para la inversión: organismos estatales con estándares de compliance generan mayor previsibilidad para inversores y contratistas; prevención de riesgos: ayuda a identificar tempranamente situaciones que puedan derivar en irregularidades administrativas o conflictos de interés; cultura organizacional positiva: fomenta la ética, el compromiso y la responsabilidad entre los empleados públicos.

Fundamentos normativos y doctrinales

Diversos instrumentos internacionales ratificados por la Argentina subrayan la importancia de la integridad en la gestión pública. Entre ellos:

En el plano interno, existen antecedentes normativos relevantes:

Desde el punto de vista doctrinal, autores como Nieto Martín destacan que el compliance en el sector público implica trasladar al Estado las herramientas de gestión de riesgos y controles internos que han probado eficacia en el ámbito privado. Asimismo, el concepto de buen gobierno corporativo, definido por Sir Adrian Cadbury (2003), resulta perfectamente aplicable: se trata de equilibrar intereses, garantizar eficiencia y exigir rendición de cuentas.

Ejemplos en la Argentina

En nuestro país, ya existen experiencias de aplicación de programas de integridad en el sector público:

Estas experiencias muestran que el compliance público es una tendencia en expansión, con potencial para consolidarse como pilar de la gestión moderna.

Ejemplos de aplicación de Programas de Integridad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

La CABA se ha convertido en uno de los escenarios más activos en materia de integridad pública y transparencia. A continuación, algunos casos destacados:

Por ejemplo, la Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP – CABA), que fue creada por la Ley 104, siendo un organismo con autonomía funcional que garantiza el derecho de acceso a la información pública.

También la Oficina de Integridad Pública y Transparencia (Ministerio de Justicia y Seguridad – CABA), promoviendo códigos de ética y conducta para agentes públicos, capacitación obligatoria en temas de transparencia, conflictos de interés y ética pública y protocolos de compras y contrataciones con trazabilidad digital.

A su vez fue sancionada la Ley de Ética Pública de la CABA (Ley 4895), que establece deberes, prohibiciones e incompatibilidades para funcionarios y agentes de la Ciudad. Es un marco normativo que da sustento a los programas de integridad.

Las compras y contrataciones con integridad, quedo a cargo del Sistema Buenos Aires Compras (BAC) quien digitalizó y transparentó el procedimiento de adquisiciones en la Ciudad. Para darle garantías a estos procesos de integridad, se estableció un canal de denuncias y protección de denunciantes para casos de irregularidades administrativas, lo que se alinea con los estándares internacionales de compliance (por ejemplo, whistleblowing systems de la Unión Europea).

Compliance y buen gobierno

El compliance en el sector público se articula directamente con los principios del buen gobierno: transparencia: acceso a la información pública y claridad en la toma de decisiones; rendición de cuentas: obligación de los funcionarios de explicar y justificar sus actos; responsabilidad: deber de responder por el uso de los recursos públicos; participación ciudadana: inclusión de la sociedad en el control y seguimiento de la gestión.

La experiencia demuestra que los programas de integridad son más efectivos cuando se combinan con estas premisas, generando una sinergia entre normas, valores y prácticas.

El compliance en el sector público no debe entenderse como una mera exigencia formal, sino como un verdadero instrumento de fortalecimiento institucional. Los programas de integridad ofrecen a los organismos estatales la posibilidad de modernizar su gestión, prevenir riesgos, aumentar la confianza social y garantizar mayor eficiencia en el uso de los recursos.

En definitiva, la adopción de programas de integridad es una apuesta por una administración pública más transparente, responsable y confiable, capaz de estar a la altura de las demandas ciudadanas y de los estándares internacionales de gobernanza.

 

 

*Abogado, diplomado en compliance, profesor de Teoría y Derechos Constitucionales (UNNE) y de Derecho Constitucional del Poder de la Universidad de la Cuenca del Plata


Compartir