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El hecho pasó casi inadvertido pero es histórico: por primera vez un represor reconoció su responsabilidad en un delito de lesa humanidad cometido en el Chaco. Fue el expolicía del Chaco, Gabino Manader, en el juicio abreviado por la desaparición forzada de Humberto “Cacho” Muñoz, militante de la JP y exchofer del vicegobernador peronista Alberto “Toto” Torresagasti. Por ese hecho fue condenado a ocho años de prisión. 

Viernes, 5 de septiembre de 2025
Gabino Manader (Foto: Gentileza Jorge Tello/Es Chaco)

Por Brian Pellegrini 

En un hecho histórico, un represor chaqueño reconoció por primera vez su responsabilidad penal en un delito de lesa humanidad. Se trata del exsuboficial mayor de la Dirección de Investigaciones de la Policía del Chaco, Gabino Manader, en el juicio por la desaparición forzada de Humberto “Cacho” Muñoz, militante de la Juventud Peronista y exchofer del vicegobernador peronista Alberto “Toto” Torresagasti, ocurrida en noviembre de 1976.

La “confesión” de Manader se dio en el marco del primer juicio abreviado por crímenes de lesa humanidad llevado adelante este martes 2 de septiembre ante el Tribunal Oral Federal de Resistencia, que lo condenó a ocho años de prisión por el delito de “privación ilegítima de la libertad agravada” y unificó su pena en 25 años de prisión por condenas anteriores. Se trata de la quinta condena que acumula Manader, también condenado por las causas Caballero I, Caballero II, Caballero III y “Conscriptos”. Además, está pendiente el juicio contra el represor por el secuestro y torturas de los sacerdotes Joaquín Núñez y Gianfranco Testa, ligados a las Ligas Agrarias del Chaco.

Durante la audiencia, la esposa de la víctima, Ramona Pawlisky, y su hermano, Domingo Cayetano Muñoz, manifestaron su conformidad con el juicio abreviado y la condena, al considerarla una instancia de reparación y un derecho a conocer la verdad de lo ocurrido. “Es el único juicio abreviado en esta jurisdicción y fue una decisión de los familiares de Muñoz”, aseguró el fiscal federal de DDHH ad hoc de Resistencia, Diego Vigay en diálogo con LITIGIO. En ese contexto, destacó”una absolución hubiera sido una revictimización a los familiares”.

Desde el primero de los juicios por delitos de lesa humanidad en los que fue juzgado, Manader siempre negó haber participado de operativos ilegales como miembro de la Dirección de Investigaciones de la Policía del Chaco. Vigay recordó que Manader “dijo que él actuó en la Dirección de investigaciones pero en la calle en causas por delitos comunes, y que nunca fue ‘guardador’ de presos y que nunca tuvo ningún contacto con detenidos por razones políticas”.

Vale recordar que en diciembre de 2010, cuando fue condenado por primera vez a 25 años de prisión por la causa “Caballero”, el TOF consideró “indudable el rol protagónico que asumió el imputado Gabino Manader en la tarea emprendida desde la Brigada de Investigaciones”.

La desaparición forzada de “Cacho” Muñoz

La sentencia, que se dará a conocer en los próximos días, reconstruye la historia de militancia y persecución sufrida por Humberto Aníbal Muñoz, quien tenía una activa militancia en la Juventud Peronista del Chaco desde 1972. En 1974 se desempeñó como chofer en la Cámara de Diputados del Chaco y del ex vicegobernador Alberto “Toto” Torresagasti. Un año después, trabajó como jornalero en el aeropuerto de la ciudad de Resistencia, hasta que fue cesanteado -por razones políticas- en abril de 1976.

El 25 de mayo de 1976, el hombre fue detenido y llevado a la Brigada de Investigaciones, donde negaron que estuviera privado de su libertad. Sin embargo, el hombre estuvo alojado allí, sesenta días, en los que sufrió torturas y amenazas hasta que fue liberado desde la Alcaidía de Resistencia.

En la madrugada del 26 de noviembre de 1976, Muñoz estaba en la casa de sus padres, Anselma Ocampo y Aníbal Muñoz, ubicada sobre la Avenida San Martín, en el centro de Barranqueras. Mientras la víctima dormía allí junto a su pareja Ramona Rosa Pawlisky y su pequeño hijo, llegaron dos vehículos con, al menos, cuatro hombres vestidos de civil y que portaban armas largas, quienes irrumpieron en la vivienda.

Tras amenazar a Ocampo y encandilar a Pawlisky, los policías esposaron a Muñoz y lo subieron a uno de los vehículos, que emprendió la marcha hacia Antequeras. Fue la última vez que se supo de sobre él.

Ocampo, que tenía un puesto de diarios en el puerto de la localidad y conocía a casi todos los habitantes del lugar, le refirió a su nuera que Manader y José María Cardozo -que se desempeñaban como sargentos de la Dirección de Investigaciones de la policía chaqueña- integraban el operativo en el que se llevaron a su hijo.

Los días siguientes, los familiares de Muñoz lo buscaron en distintas comisarías de Barranqueras y de Resistencia, y en la Brigada de Investigaciones, pero no pudieron encontrarlo. Desde entonces, su nombre integra la larga lista de desaparecidos de la última dictadura militar en Argentina.

 

 

 


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