Gustavo Obregón, mano derecha de la familia Sena imputado por encubrimiento agravado del femicidio de Cecilia Strzyzowski, buscará ser declarado “no culpable” en el juicio por jurados invocando la excusa absolutoria. Su defensa hará hincapié en la relación de estrecha amistad del colaborador con el hijo de los Sena, a quien ayudó a descartar el cuerpo de Cecilia.
Viernes, 1 de agosto de 2025

Por Bruno Martínez
El inminente regreso de la actividad judicial, tras el receso de invierno, traerá consigo la reanudación de las audiencias preliminares por el femicidio de Cecilia Strzyzowski. Si bien aún resta un largo camino antes del juicio por jurados, las estrategias que utilizarán las defensas de los imputados comienzan a vislumbrarse con mayor claridad.
Una de ellas es la de Gustavo Obregón. Mano derecha de la familia Sena y chofer particular de César, Obregón es uno de los que conforman el grupo de los presuntos encubridores, que completan su expareja, Fabiana González, y los caseros del campo de la familia piquetera, Gustavo Melgarejo y Griselda Reinoso.
Según pudo saber LITIGIO, su abogada defensora, Sofía Puente, pedirá durante el juicio que a su defendido se le aplique el inciso 4° del artículo 277 del Código Penal. El mismo establece que “están exentos de responsabilidad criminal los que hubieren obrado en favor del cónyuge, de un pariente cuyo vínculo no excediere del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad o de un amigo íntimo o persona a la que se debiese especial gratitud”.
Esto se conoce como excusa absolutoria, figura que elimina la responsabilidad penal de una persona que cometió un delito, no porque no haya ocurrido el hecho ni porque sea justificado, sino porque existen razones especiales que impiden aplicar la pena. En otras palabras, se reconocerá que Obregón participó del encubrimiento del crimen, pero se pedirá su absolución debido a la relación estrecha de amistad con la familia Sena, cercana a un vínculo familiar, que trascendía lo estrictamente laboral.

En diálogo con este medio, la abogada Puente recordó que tanto Obregón como Fabiana González, su expareja, nacieron en familias de muy escasos recursos y su acceso a trabajo estable y comodidades mínimas se lo deben a los Sena y su organización. Ambos se iniciaron en el Movimiento de Trabajadores Desocupados 17 de Julio, que lideraban Sena y Ramón “Tito” López.
Cuando la organización se partió en dos, Obregón y González declararon su lealtad a Emerenciano. A partir de ahí, su vida comenzó a mejorar: pudieron acceder a un trabajo de planta en el Ministerio de Desarrollo Social, a una vivienda, un auto y una mejor calidad de vida. Mientras que González era la secretaria privada de Marcela Acuña, Obregón se encargaba fundamentalmente de ser la sombra de César Sena, escoltándolo a donde vaya, a la vez que se ocupaba de diligencias de todo tipo solicitadas por Emerenciano.
Así como participaban de todas las actividades del MTD Emerenciano, también lo hacían de los eventos familiares que organizaba el matrimonio piquetero. El vínculo, insistió Puente, era de una amistad muy estrecha.
Relato clave
Obregón se diferencia del resto de los imputados por una cuestión determinante: fue el que más detalles aportó sobre el proceso de desaparición del cuerpo de Cecilia, al punto tal de autoincriminarse.
El Equipo Fiscal Especial considera que su testimonio es de extrema importancia durante el juicio, teniendo en cuenta que, por sus características, todo el proceso debe ser oral. De todos modos, aún está en duda si Obregón ratificará sus dichos ante el jurado.
Ante el Ministerio Público Fiscal, Obregón recordó que a las 17 de aquel 2 de junio de 2023 le llegó un mensaje a su WhatsApp del número de Marcela Acuña. “Andá a ver a casa, parece que hay un cuerpo y tengo miedo porque a César lo vi lastimado, nosotros estamos por salir con Emerenciano, nos vamos al barrio”, fueron las palabras de Acuña, según Obregón. Las heridas a las que se refería Acuña eran arañazos en su cuello y brazo derecho.

A las 17.30 llegó hasta la casa de los Sena, en Santa María de Oro 1460, a bordo de su Citroën C4 color gris. Sólo estaba una señora que cada tanto iba a planchar. Obregón le preguntó si vio algo raro y ella le dijo que no. Comenzó a revisar la casa: miró el baño, una, dos piezas. No encontró nada. En la tercera sí se topó con algo, que él describió como “un bulto largo, envuelto, que no tenía forma. Por lo que vi parecía un cuerpo”.
Al ver eso, según su relató, salió de la casa para confirmarle a su jefa lo que vio. “Sí, señora, parece que hay un cuerpo”, le escribió a Acuña. “Esperalo a César, no le digas nada porque no quiero que se asuste, y si tenés que hablar con Fabiana (González, su pareja), hablá; pero que no se entere de esto Emerenciano y decile a la señora que se vaya”, habría sido la respuesta de Acuña, refiriéndose a la mujer que planchaba.
“Gusti, ayudame”
Minutos más tarde, Fabiana González llegó a la casa en su moto. Obregón le mostró lo que él vio y ella decidió irse del lugar rumbo al barrio Emerenciano, para hablar con Acuña en persona de lo que estaba sucediendo en su casa. Obregón se quedó a esperar a César.
Media hora más tarde llegó César Sena en su camioneta Toyota Hilux blanca, la misma que utilizó para pasar a buscar a Cecilia en el barrio 500 viviendas de Barranqueras la noche anterior. Lo acompañaba la directora del Jardín de Infantes del Barrio Emerenciano. Ella ingresó a la casa, buscó su mochila y se subió al Citroën para que Obregón la acerque hasta el barrio Emerenciano.
Obregón fue hasta el barrio y volvió a Santa María de Oro 1460. “Gusti, ayúdame a sacar esto, tenemos que ir al campo”, le dijo César haciendo alusión al cuerpo envuelto en la frazada y a la chanchería de los Sena.
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Según el relato de Obregón, en un primer momento no lo quiso ayudar. Entonces, César le ordenó traer bolsas de basura para ponerlas en la caja de la camioneta. Obregón las trajo y cuando llegó vio que el cuerpo envuelto que sería de Cecilia estaba en el suelo, justo atrás de la camioneta. Ahora sí decidió ayudarlo: cada uno tomó la frazada de una punta, lo subieron a la caja y pusieron sobre él varias bolsas con residuos.
“Traé el bidón que está atrás, vamos a llevar nafta”, fue la orden de César a Obregón. Con el bidón, con el cuerpo y con la basura, partieron el Citroën y la Toyota hasta la estación de servicio YPF ubicada en la intersección de las avenidas Hernandarias y Marconi, frente al Cementerio Municipal. Obregón se bajó a llenar el bidón; César lo esperó a unos 100 metros.
Luego, se dirigieron hacia avenida Alvear donde empalmaron por ruta 11 hasta llegar al kilómetro 1017: la entrada del campo de los Sena en Tres Horquetas. En total, hicieron unos 19 kilómetros.
Al llegar al lugar, Gustavo Melgarejo, el cuidador, no se encontraba. No había nadie, según Obregón. Cesar se bajó de la camioneta, tomó el bidón que le dio Obregón y se dirigió a unos 150 metros de la casa de Melgarejo, donde había una gran cantidad de leña.
“Cuando llego, César ya había apilado todo lo que llevó: las bolsas y el bulto, y ya había prendido fuego. Si ese bulto era el cuerpo de Cecilia, ahí fue el último lugar”, relató Obregón.
Se quedaron aproximadamente media hora y luego se fueron a una actividad proselitista en la localidad de Barranqueras, donde estaban realizando unas pintadas: esa noche cenaron un guiso. Obregón dijo que no comió casi nada por todo lo que había sucedido. A César se lo veía tranquilo. “Tenemos que ir a jugar un pool”, le habría propuesto César a Obregón.
Bolsas en Carrefour
En su segunda declaración, Obregón se dedicó a detallar lo que ocurrió los días posteriores. El martes 6 de junio, cuatro días después de la incineración del cuerpo, Cesar Sena volvió a contactarlo. Esta vez fue en persona, en el barrio Emerenciano, al mediodía, mientras Obregón se encontraba trabajando en una obra. “Gusti, cuando terminás de hacer tus cosas tenemos que ir al campo; pasame a buscar por casa”, le habría dicho el hijo de Emerenciano.
Para las 13, Obregón pasó por la casa de los Sena, para recoger a César, quien le indicó que tenían que comprar bolsas de residuos. A esa hora, plena siesta chaqueña, casi todos los comercios estaban cerrados salvo los hipermercados. Partieron rumbo al Carrefour de avenida Ávalos y Lavalle, en Resistencia. Obregón bajó a comprar las bolsas; César esperó en el auto.

A las 14.30 llegaron al campo Rossi. Pidieron una pala ancha al cuidador Melgarejo, y caminaron hacia el lugar donde incendiaron el cuerpo. “Ahí llegamos, yo le abro las bolsas a César y el comienza a cargar las dos bolsas, con la pala, juntando las cenizas desde el medio de la quema. Cuando se cargaban las bolsas, en ningún momento vi huesos grandes, pero si podía observar que había huesos chiquititos”, relató Obregón. Luego decidieron ir hasta el río Tragadero, justo detrás del campo, donde arrojaron el contenido de las dos bolsas y luego las quemaron.
Rastrillaje realizado en el río Tragadero, detrás del campo de los Sena. Allí encontraron restos óseos humanos y un dije en forma de cruz propiedad de Cecilia. Ese mismo día, pero a las 20, César lo volvió a contactarlo. Esta vez dijo que lo pase a buscar por Mosconi y Soberanía, la casa de su tía, para ir hasta el domicilio de sus padres. “Tengo que buscar unas cosas”, detalló. A las 20.30 llegaron a la casa donde habrían asesinado a Cecilia. César entró y luego salió con una valija y una mochila, las cuales pusieron en el asiento trasero del Citroën. Desde ahí, se dirigieron al barrio Emerenciano.
Al llegar a un descampado, César le pidió que frene. Se bajó del auto, prendió fuego las pertenencias y luego le pidió una vez más que lo acerque hasta la casa de su tía. Esas pertenencias fueron encontradas el 18 de junio, día de las elecciones Primarias Abiertas del Chaco. A la familia de la víctima se les exhibió lo encontrado el 23 de junio, en el Instituto Médico Forense del Poder Judicial del Chaco. Su mamá, Gloria Romero y su tía abuela, Mercedes Valois Flores, dijeron que casi todo era de ella.