A más de una década de su sanción, casi 20 mil personas cambiaron su identidad de género en Argentina gracias a la Ley 26.743. Sin embargo, los derechos conquistados están hoy bajo amenaza. En un contexto de retrocesos y discursos antiderechos, activistas y personas trans y no binarias relatan cómo esta ley transformó sus vidas.
Miércoles, 30 de julio de 2025

Desde su sanción en mayo de 2012, la Ley de Identidad de Género convirtió a la Argentina en un país pionero al reconocer el derecho de toda persona a ser identificada conforme a su vivencia interna del género, sin necesidad de intervenciones médicas ni autorizaciones judiciales. Según datos del RENAPER, hasta mayo de 2024 se realizaron 19.270 cambios registrales en el DNI, incluyendo a quienes accedieron a este derecho por vía judicial antes de la vigencia de la norma.
Pero los avances logrados están hoy en riesgo. Bajo la gestión de Javier Milei, el Ejecutivo modificó por decreto aspectos centrales de la ley vinculados al acceso de menores de 18 años a tratamientos, mientras que diputados del PRO y La Libertad Avanza impulsan proyectos para desmantelar este marco legal. A esto se suma una creciente campaña de desinformación y discursos de odio contra las personas trans y no binarias.
Frente a este escenario, medios y organizaciones decidieron visibilizar el impacto positivo de la ley. Desde la cuenta de Instagram de la Agencia Presentes, se convocó a responder una pregunta simple pero profunda: ¿Cómo te cambió la vida la Ley de Identidad de Género?
Las respuestas no tardaron en llegar. Francesca Sansone Vera fue directa: “Gracias a la Ley de Identidad de Género sigo viva”. Otras personas relataron cómo esta norma les permitió terminar sus estudios, trabajar, acceder a tratamientos de salud, ser reconocidas por su nombre e identidad, y, sobre todo, vivir con dignidad.
“La ley fue el punto de inicio para proyectar mi vida por fuera del destino fijo que se nos asignaba a las travestis”, escribió La Kalo. Merlina Victoria Groba contó que accedió al cambio registral un día antes de cumplir 51 años y que, gracias a ello, pudo terminar el secundario a los 62. “Gracias a esa ley me sentí avalada en una identidad difusa que pensaba que tenía que ser un secreto”, agregó Killa Orbe, hoy psicóloga.
La ley también impactó a personas migrantes. “En mi país no hay Ley de Identidad de Género. Después de 7 años viviendo en Argentina pude tramitar mi cambio de nombre”, escribió Ricardo González, oriundo de Naiguatá. Luly Queen celebró: “Soy la primera y única chofer de camiones blindados de todo el continente. Gracias a la ley soy quien quise ser toda mi vida”.
El reconocimiento estatal de la identidad también salva vidas. “Gracias a esa ley aún tengo a dos integrantes de mi familia vivos y conmigo”, contó Leco del Sur. “No solo los hizo sentirse acompañados, sino que los protege día a día de la discriminación”.
Desde el activismo, voces como la de Carolina Espinoza y Marcela Tobaldi remarcan que, aunque la ley fue un hito, todavía falta avanzar en políticas complementarias, como la implementación del cupo laboral trans y una reparación histórica para las sobrevivientes travestis y trans de la dictadura. “Hace diez años nuestro promedio de vida era de 35 años. Hoy, gracias a las políticas públicas, aspiramos a cinco años más de vida”, recordó Tobaldi.
En un clima político hostil, estas voces refuerzan la importancia de defender lo conquistado. Como dice el testimonio de Titireteka: “Ahora más que nunca hay que seguir saliendo a la calle para defender nuestra dignidad de existir, siempre con orgullo. ¡No pasarán!”
Con información de Tiempo Argentino y Agencia Presentes